Al comienzo de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, me atreví a predecir en esta columna que Vladimir Putin y Nicolás Maduro serían los grandes perdedores geopolíticos del conflicto. Creo que tenía razón en lo que respecta a Putin, pero me equivoqué en el caso de Maduro o, más precisamente, de su sucesora de facto, Delcy Rodríguez.
El estudio del conocido economista Asdrúbal Oliveros proyecta que la economía de Venezuela crecerá un 12% en el 2026.
“La economía de Venezuela está mostrando signos de un avance notable”, escribió Oliveros en Americas Quarterly.
Aunque el crecimiento proyectado por Oliveros solo comenzaría a revertir un desplome económico de más de una década bajo Maduro se trata de una cifra sorprendente.
La economía venezolana comenzó a recuperarse después del ataque estadounidense del 3 de enero que capturó a Maduro, y del posterior acuerdo entre el gobierno de Trump y Rodríguez, quien asumió el poder para restablecer el flujo de petróleo venezolano a Estados Unidos.
Sin embargo, desde la captura de Maduro, Trump no ha parado de elogiar a Rodríguez. La ha calificado de “muy inteligente” y ha enviado señales de que está dispuesto a normalizar las relaciones con Venezuela a cambio de petróleo barato y la deportación de migrantes venezolanos.
Aunque el secretario de Estado, Marco Rubio, ha pedido elecciones libres una vez que el país se estabilice, Trump no ha fijado ningún plazo ni condición concreta para ello.
Cuando Trump habla de Venezuela, habla de petróleo y, ocasionalmente, de drogas. Casi nunca menciona la democracia.
Lo que es más, Trump cita la actual situación de Venezuela como un gran logro de su política exterior, lo que hace poco probable que presione con fuerza para que haya elecciones libres.
Las encuestas muestran que la mayoría de los venezolanos aplauden la captura de Maduro y esperan que conduzca a una transición democrática. Sin embargo, muchos temen que Rodríguez se afiance en el poder y perpetúe el chavismo sin Chávez ni Maduro.
Al mismo tiempo, las encuestas revelan que la líder opositora y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, quien se encuentra fuera de Venezuela, sigue siendo la figura política más popular del país. Machado continúa exigiendo elecciones libres y el fin del régimen chavista.
Sin embargo, según me dicen varios exdiplomáticos estadounidenses, el tiempo está jugando en contra de la líder opositora venezolana.
Aunque muchos califican el pronóstico de un crecimiento económico del 12% como excesivamente optimista, si la economía mejora aunque sea marginalmente bajo Rodríguez, más venezolanos podrían resignarse a vivir bajo su gobierno.
Brian Naranjo, un exfuncionario del Departamento de Estado que trabajó en Venezuela, me dijo que Rodríguez está utilizando el tiempo para consolidar el poder, al igual que lo hizo Maduro tras la muerte de Chávez en el 2013.
John Polga-Hecimovich, profesor de la Academia Naval de los Estados Unidos y especialista en política latinoamericana, coincide en que la ventana de oportunidad para la democracia en Venezuela se está cerrando.
“Ella no tiene ningún incentivo para convocar elecciones libres ahora que el petróleo vuelve a fluir y que la economía se está recuperando”.
Machado hizo bien en colmar de elogios a Trump para no quedarse fuera de juego. Pero para evitar volverse irrelevante, tiene que regresar a Venezuela y liderar la oposición desde adentro.
Debería regresar cuanto antes. Si es arrestada, obligará a Trump a ponerse públicamente del lado de Rodríguez o del lado de la democracia. No puede esperar indefinidamente desde el exterior.
–Glosado y editado–© El Nuevo Herald. Distribuido por Tribune Content Agency, LLC
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