Este cambio de discurso fue tan abrupto como llamativo y volvió a poner en discusión una pregunta recurrente en la política internacional: ¿qué hay realmente detrás de la disputa entre Donald Trump y Pedro Sánchez?
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Si bien el último episodio ocurrió en Turquía, el desencuentro entre ambos líderes lleva ya varios meses. Puntualmente, el origen de la pugna pasa por dos temas fundamentales para Washington: la exigencia de incrementar el gasto militar a los aliados de la OTAN y la negativa española (no solo del país ibérico) de alinearse con la posición estadounidense frente a Irán.
Durante la cumbre, Trump insistió en que los países miembros de la alianza deben destinar el 5% de su Producto Bruto Interno (PBI) al sector defensa. España, en cambio, sostiene que puede cumplir los objetivos militares invirtiendo solo el 2%. El gobierno de Sánchez considera que elevar el gasto hacia el nivel que reclama Washington no es compatible con las otras prioridades presupuestarias.

Varias personas se meten en el agua en la orilla mientras un carguero aparece fondeado en el estrecho de Ormuz, ante la costa de Bandar Abbas, Irán, el 30 de junio de 2026. (Amirhosein Khorgooi/ISNA via AP)
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Al mismo tiempo, Sánchez evitó respaldar plenamente la estrategia impulsada por Trump tras la ofensiva estadounidense contra Irán y mantuvo una postura reservada respecto al uso de instalaciones militares españolas para eventuales operaciones en Medio Oriente.
Para el analista internacional Francisco Belaúnde, las declaraciones contradictorias del presidente estadounidense responden a un patrón que se ha repetido con frecuencia a lo largo de su trayectoria política.
“Es una conducta habitual en Donald Trump. Suele cambiar de postura según las circunstancias, las conversaciones que mantiene o los intereses del momento”, explica. A su juicio, algo similar ha ocurrido anteriormente con otros estados europeos, que primero fueron objeto de fuertes cuestionamientos y luego recibieron gestos de acercamiento.

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, durante su conferencia de prensa en Ankara) (Foto: Altan Gocher / Hans Lucas via AFP)
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El especialista considera además que no existe evidencia pública de que España haya aceptado la exigencia de destinar el 5% de su PBI a defensa, pese a las afirmaciones realizadas por Trump.
Un elemento que podría ayudar a explicar el repentino cambio de tono de Trump fue revelado por el diario español La Vanguardia. Según el medio, el Ministerio de Hacienda autorizó una transferencia de 6.287 millones de euros al Ministerio de Defensa para financiar inversiones militares. La medida fue aprobada el mismo día en que Pedro Sánchez partió hacia la cumbre de la OTAN en la capital turca. Aunque no existe una confirmación oficial, este desembolso podría estar vinculado a la “importante solicitud de pago” a la que aludió Trump antes de afirmar que España se había “redimido por completo”.
Pese a la dureza de los mensajes lanzados desde Washington, la respuesta de Pedro Sánchez ha seguido una línea completamente distinta. Lejos de alimentar la confrontación, el jefe del Gobierno español ha insistido en destacar los lazos históricos, económicos y estratégicos que unen a ambos países.

Los jefes de Estado durante la foto oficial en la cumbre de Ankara (Photo by Binnur Ege Gurun Kocak / Anadolu via AFP)
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Tras coincidir con Trump en Ankara, Sánchez reveló que ambos mantuvieron una conversación informal “sin tirantez” y “con absoluta cordialidad”. El intercambio giró alrededor del Mundial de fútbol que se desarrolla en Estados Unidos y de una de las grandes pasiones del mandatario republicano: el golf.
La escena reflejó una de las contradicciones más frecuentes de la diplomacia contemporánea. Mientras los discursos públicos transmite confrontación, el diálogo privado muestra un tono mucho más afable y relajado.
Según Enrique Banús, especialista en relaciones internacionales, esta actitud beneficia políticamente al líder español. “La moderación le permite proyectar una imagen de estadista frente a un líder percibido como impulsivo y confrontacional”, afirma.
Banús considera que el enfrentamiento también tiene un componente político que resulta funcional para ambos dirigentes. Trump refuerza ante su electorado la idea de que exige mayores compromisos a los aliados europeos, mientras que Sánchez fortalece su perfil de autonomía frente a Washington en un sector de la sociedad española que observa con recelo algunas posiciones estadounidenses.

El primer ministro español Pedro Sánchez durante la sesión principal de la cumbre de la OTAN en Ankara, Turquía. (Foto: Binnur Ege Gurun Kocak / Anadolu via AFP)
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Sin embargo, detrás de las palabras existe una realidad más compleja. España continúa siendo uno de los socios estratégicos más importantes de Estados Unidos en el sur de Europa. Las bases militares de Rota y Morón mantienen un enorme valor geopolítico para las operaciones estadounidenses en el Mediterráneo, África y Medio Oriente.
Por esa razón, ambos internacionalistas estiman poco probable que las amenazas formuladas por Trump se traduzcan en decisiones concretas. “Estados Unidos mantiene bases estratégicas en territorio español que podrían seguir siendo útiles para sus intereses. No parece realista pensar en una expulsión de España de la OTAN”, sostiene Belaúnde.
Algo similar ocurre con las advertencias sobre el comercio bilateral. Banús recuerda que la política comercial europea se negocia de manera conjunta desde Bruselas y que Washington no puede aislar a España del resto de la Unión Europea mediante una decisión unilateral sencilla.
De cara al futuro, los expertos coinciden en que los principales focos de tensión seguirán siendo los mismos: el gasto militar, la relación con Irán y el grado de alineamiento que Estados Unidos espera de sus aliados europeos. Las diferencias, por tanto, no han desaparecido. Lo que ha cambiado es el tono del momento.
Más que el fin de una crisis, lo ocurrido en Ankara parece reflejar la naturaleza de una relación construida sobre intereses compartidos, pero atravesada por profundas diferencias políticas. Estados Unidos seguirá necesitando a España como un aliado estratégico en el sur de Europa, mientras Madrid difícilmente renunciará a defender posiciones propias en temas como el gasto militar o Medio Oriente.
En ese escenario, las tensiones probablemente seguirán apareciendo y desapareciendo al ritmo de una relación que combina desacuerdos de fondo con una cooperación que ninguno de los dos gobiernos está dispuesto a romper












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