La crisis se desarrolló en varias etapas. El 24 de julio Milei viajó a Sao Paulo para apoyar el lanzamiento de la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, principal rival de Lula. Durante la visita, el argentino evitó cualquier contacto con el Gobierno Brasileño y participó en actos organizados por la oposición.
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Estando en Brasil, Milei atacó a Lula y también cuestionó al juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes, quien lidera procesos judiciales contra Bolsonaro y sus aliados por el intento de golpe de Estado contra Lula de enero del 2023.
En su discurso en Sao Paulo, Milei se refirió se refirió a Lula como “presidiario” y “ladrón” y lo acusó de “despilfarrar” el dinero público de Brasil.

El presidente argentino Javier Milei sostiene una camiseta de la selección argentina junto al senador Flavio Bolsonaro, quien sostiene una bandera brasileña, en São Paulo, Brasil, el 25 de julio de 2026. (Foto de Allison Sales/NurPhoto).
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Milei dijo también que Flávio Bolsonaro es el único candidato capaz de “parar a la basura socialista” en las urnas.
A manera de reacción, el 26 de julio Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli. Mientras que el canciller Mauro Vieira también convocó al embajador argentino para transmitir el rechazo del Gobierno Brasileño.
Las elecciones generales en Brasil serán el domingo 4 de octubre. Si ninguno de los candidatos a la Presidencia obtiene más del 50% de los votos válidos, la segunda vuelta está programada para el domingo 25 de octubre.
Tras su regreso a Argentina, Milei no moderó el tono y en dos entrevistas volvió a insultar a Lula.
“Es un ladrón, es un corrupto, fue condenado por ladrón y corrupto, estuvo preso, por lo cual también es cierto lo de presidiario”, dijo Milei sobre Lula a LN+.
“No sólo eso: lo liberaron por una falla del procedimiento, no por ser inocente. Por lo tanto es ladrón y es un corrupto”, añadió.
Finalmente, el martes Brasil comunicó que rebajaba sus relaciones diplomáticas con Argentina a nivel de encargado de negocios. También informó que su embajador no regresaría a Buenos Aires.
Además, dijo que le compete a Argentina decidir si mantiene a su embajador en Brasilia o si lo retira, aunque precisó que no tratará directamente con él mientras la crisis siga abierta.
Por su parte, la Cancillería argentina lamentó la decisión del Gobierno de de Lula. “La República Argentina toma nota de la decisión adoptada unilateralmente por el Gobierno de la República Federativa del Brasil, y lamenta su decisión de continuar aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas”, expresó en un comunicado.
Según la última encuesta del centro Genial/Quaest, en la primera vuelta de las elecciones Lula obtendría el 39 % de votos y Flávio Bolsonaro el 30 %. Mientras que en la segunda vuelta el izquierdista conseguiría el 44 % contra el 39% del derechista.
Milei busca consolidarse como líder de la derecha regional

El presidente argentino Javier Milei (izq.) durante el lanzamiento de la candidatura de Flavio Bolsonaro en São Paulo el 25 de julio de 2026. Y el presidente brasileño Lula da Silva. (Fotos de Nelson ALMEIDA y Sergio Lima / AFP).
/ NELSON ALMEIDA SERGIO LIMA
Para el internacionalista Francesco Tucci, director de la carrera de Comunicación y Periodismo de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), la confrontación con Lula responde a una estrategia política de Milei que va mucho más allá de las diferencias ideológicas y enumera tres objetivos.
El primero, dice Tucci a El Comercio, es reforzar su narrativa de la llamada “batalla cultural” contra el socialismo y el comunismo en América Latina, presentándose como uno de los principales referentes de la derecha en la región.
El segundo es un objetivo de política interna. Según Tucci, la disputa con Lula también le permite a Milei desviar la atención de los problemas domésticos, como el ajuste económico, las tensiones con el Congreso y el desgaste propio de la gestión. “Las tensiones externas funcionan como un mecanismo de distracción que permite movilizar pasiones ideológicas y reactivar el apoyo de su base”, afirma.
Y el tercero, añade Tucci, encaja con la postura crítica que Milei mantiene frente al Mercosur. “Al tensionar la relación con Brasil, su principal socio comercial, probablemente busca debilitar la cohesión del bloque y abrir espacio para negociaciones bilaterales más flexibles”, señala.
Sobre la reacción del Gobierno Brasileño, el analista considera que el respaldo de Milei al bolsonarismo fue el factor que terminó por romper la paciencia de Brasilia.
“La participación de Milei en la campaña presidencial brasileña no fue un gesto diplomático convencional: fue una injerencia directa en la política interna de Brasil en pleno año electoral”, sostiene. Recuerda, además, que los ataques contra Lula no comenzaron este año, sino que se remontan a la campaña presidencial argentina del 2023, cuando el mandatario brasileño ya había exigido disculpas por las descalificaciones.
Para Tucci, el hecho de que Milei viajara a Sao Paulo para respaldar a Flávio Bolsonaro y calificara a Lula de “presidiario”, “ladrón” y “corrupto” terminó por desencadenar una respuesta inédita. “En un contexto electoral tan polarizado como el de Brasil, cualquier gesto que pueda interpretarse como apoyo a la oposición es recibido con extrema sensibilidad”, explica.
“Esta es la peor crisis entre Argentina y Brasil desde el retorno de la democracia”, afirma. Tucci indica que la crisis ya trasciende el plano bilateral. “Lo que comenzó como un gesto de solidaridad ideológica con el bolsonarismo se ha convertido en una crisis que amenaza con reconfigurar el mapa de Sudamérica y la solidez del Mercosur. La pregunta clave es si habrá actores regionales (incluso organismos como la OEA) capaces de mediar antes de que el daño sea aún más grave”.
«No creo que haya una normalización antes de las elecciones en Brasil»

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, interviene durante la convención nacional del Partido de los Trabajadores en São Paulo el 2 de agosto de 2026, donde anuncia formalmente su candidatura a la reelección. (Foto de Miguel Schincariol / AFP).
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El embajador Juan Álvarez Vita sostiene a El Comercio que la crisis no puede entenderse únicamente desde las diferencias ideológicas entre Milei y Lula. Dice que el conflicto también está marcado por el estilo personal del mandatario argentino y por la creciente tensión acumulada entre ambos gobiernos.
“Cuando una persona ostenta el cargo de jefe de Estado debe considerar que sus palabras ya no son solo a título personal, sino que representan a todo un país”, afirma el diplomático. Recuerda que Milei ya había protagonizado fuertes enfrentamientos verbales con el papa Francisco, a quien llamó “representante del maligno”, y sostiene que ese mismo estilo ha terminado trasladándose a la relación con Brasil.
Álvarez Vita señala que las diferencias entre un presidente identificado con la derecha más radical y otro de izquierda han profundizado el deterioro bilateral, pero considera que el punto de quiebre fue el abierto respaldo de Milei al bolsonarismo. “Su viaje a Brasil para participar en el lanzamiento de la campaña de Flávio Bolsonaro echó más leña al fuego en una relación que ya venía acumulando fricciones”, enfatiza.
El embajador considera que el conflicto tiene un fuerte componente personal. “Las tensiones se han puesto en evidencia más a nivel de los líderes que de los propios Estados. Este problema se origina mucho en cuestiones de carácter personal”, explica.
Álvarez Vita afirma que será difícil una pronta reconciliación. “No creo que pueda haber una normalización de las relaciones antes de las elecciones presidenciales de octubre en Brasil”.
Sin embargo, relativiza el impacto práctico de la rebaja diplomática decidida por Brasil. Incluso cuestiona la eficacia del retiro de embajadores como herramienta de presión.
“Retirar a un embajador puede convertirse en una especie de autosanción, porque se está retirando precisamente a la persona con mayor experiencia para manejar la relación con ese país”, sostiene.
Recuerda que, incluso entre potencias enfrentadas, la práctica actual es mantener abiertos los canales diplomáticos. Menciona como ejemplo las relaciones entre Estados Unidos y Rusia o entre Washington y Beijing, donde, pese a las profundas diferencias políticas, los embajadores permanecen en sus puestos.
Asimismo, considera que la decisión del gobierno brasileño también tiene un componente político interno. “Lula está en campaña por la reelección y este tipo de medidas puede darle réditos electorales, porque en situaciones así los ciudadanos suelen solidarizarse con su presidente”, señala.
Pese a la gravedad política de la crisis, Álvarez Vita estima que el impacto económico será limitado. “Las relaciones comerciales y económicas entre Argentina y Brasil continuarán. Hay más ruido que nueces”.












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