Por estos sí, por Gonzalo Banda | Elecciones 2026 | candidatos | presidenciales | Congreso

En el Perú de hoy, hace falta una campaña menos satisfecha con el castigo y más ambiciosa con la esperanza. No otra pedagogía del veto. Hace falta, más bien, una campaña que diga “por estos sí”: por estos programas, por estos liderazgos, por estos políticos capaces de unir al país sin mentirle, de enfrentar el crimen sin entregarse al matonismo, de hablarles a las clases altas y bajas sin convertirlas en clientela.

Porque el eslogan “por estos no”, siendo moralmente comprensible y justificado en su intención, puede terminar reproduciendo los efectos nocivos de las identidades políticas negativas, estudiados por la ciencia política. La denuncia acierta al señalar que buena parte del establishment político se coludió para conducirnos a una miseria pública persistente. Pero el puro veto no construye una alternativa con suficiente fuerza entre los nuevos cuadros. La política deja entonces de ser una disputa entre nuevas visiones de país y se convierte en una competencia por ver quién provoca menos arcadas.

Y eso destruye algo esencial en democracia: la adhesión. El elector ya no actúa como ciudadano que jerarquiza ideas, compara programas y madura preferencias, sino como un inspector moral que googlea con la ansiedad de quien teme ser engañado otra vez. Examina fotos viejas, frases torpes, contradicciones ligeras y pecados veniales. Apenas encuentra una falla, incluso menor, se desenamora. Así, un candidato con propuestas razonables puede quedar descartado por puritanismo electoral, mientras otro, blindado por una parroquia fanática, sobrevive a denuncias escabrosas. El escrúpulo castiga al dudoso; el fanatismo protege al gánster.

Así, la campaña corre el riesgo de convertir la política en una versión criolla de “La letra escarlata”: ya no importa la jerarquía de las faltas, sino la necesidad de marcar a alguien con una señal imborrable. Además, los candidatos insignificantes, desde su pequeñez estadística, tienen estímulos para asomar la cabeza y pelearse con todos por igual, no solo con los gánsteres. Sin posibilidad real, salvo la desesperación, se permiten disparar contra cualquiera. En esa pelea indiscriminada producen un daño adicional: se chavetean con el gánster y con el rival político, con el capturado por redes mafiosas y con el adversario. Todos merecen la letra escarlata.

El resultado es perverso. En vez de fortalecer a quienes podrían remendar al país, fortalece a quienes ya tienen un voto duro. En vez de favorecer a quienes desean entrar en la política para hablarle al Perú entero, beneficia a quienes solo necesitan movilizar a sus catervas. Cuando toda la elección se vuelve un apanado moral, ganan los candidatos que tienen potros de bárbaros atilas, porque son los que menos dependen de seducir al elector reflexivo. Les basta con tener una comunidad política organizada como trinchera.

Por eso, “por estos sí” debería ser una necesidad republicana. A dos semanas de la elección, el Perú necesita discutir no solo quién debe quedar fuera, sino quién merece entrar. No basta con saber quién sobra. Ha llegado la hora de decir quién hace falta.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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