A las siete de la mañana del domingo 12, el Perú cumplió con una de sus ceremonias más persistentes: votar. A las siete de la noche, como en esas funciones que se alargan más de la cuenta, el país quedó en suspenso.
Y cuando el telón no cae, es difícil no mirar más allá.
La incertidumbre no es solo local. Tampoco lo es la tentación de ordenarla. En América Latina se insiste en la idea de polarización —como si la región, por fin, se hubiera ordenado en dos bandos reconocibles—. El Perú, en cambio, no ofrece dos bloques en disputa, sino un arcoíris en plena tormenta: inclusivo en apariencia, pero expuesto a la intemperie.
Más que un antídoto contra la polarización, ese “pluralismo” —materializado en una papeleta electoral de elenco interminable y trama escasa— refleja una clara incapacidad de agregación: una proliferación de opciones que no amplía la representación, sino que la diluye.
Y esto no es polarización. Es, más bien, un vacío.
En sistemas polarizados, el conflicto organiza. Aquí, sin embargo, se multiplica —también en las urnas—.
El contraste regional no está en la ausencia de crisis, sino en lo que, al final, produce. En Chile, la polarización tensó el sistema hasta el límite, pero terminó en una alternancia clara. En Bolivia, el desgaste del MAS se tradujo en un cambio reconocible. Incluso en Ecuador, la elección sigue cumpliendo una función básica: reducir la incertidumbre a opciones legibles.
En todos esos casos, la crisis organiza. Pero en el Perú la crisis se acumula sin resolverse. No ordena el sistema. Lo expone.
El fenómeno, además, no tiene nada de novedoso. Es casi un déjà vu de elecciones pasadas. Tras la primera vuelta, vuelve a asomarse Keiko Fujimori. En torno a ella, el electorado reacciona con la previsibilidad de un reflejo aprendido: a favor, en contra, pero rara vez indiferente.
En paralelo, reaparece una figura conocida, casi institucionalizada: la del candidato que recoge el malestar rural sin la carga incómoda de tener que traducirlo en dirección política. Roberto Sánchez no inaugura ese registro. Lo hereda, junto con el accesorio: un sombrero que ha dejado de ser pintoresco para volverse funcional.
Pero incluso los espacios mayoritarios en potencia logran la proeza de competir contra sí mismos. En Chile, en la última elección, tres candidatos de derecha llegaron por separado a la primera vuelta. Pero esa misma noche, se alinearon detrás de una sola opción de cara al balotaje. El sistema, con todo su ruido, terminó encontrando un rumbo.
En el Perú, en cambio, el ruido persiste. Y el problema no se agota en los actores. También está en las reglas. Y, sobre todo, en su aplicación. Y es ahí donde la brecha con la región se hace más visible.
En otros sistemas, incluso cuando el proceso se tensiona —con retrasos, impugnaciones, acusaciones cruzadas—, esas fallas suelen resolverse dentro del propio ciclo electoral y no sobrevivirle. En el Perú, sin embargo, tienden a prolongarse más allá de él.
Hubo retrasos reales en la jornada electoral, que obligaron a añadir un acto más a la función. Aun así, el proceso siguió su curso, con esa conocida tolerancia a la impuntualidad. Aquí, ante la falla, el sistema no corrige: encuentra a quién denunciar.
No es solo lo que ocurre, sino cómo se procesa.
El ritual democrático se cumple con devoción: se impuso una ley seca que no evitó la resaca electoral, se votó, se sigue contando, se espera. Pero el sistema no logra hacer lo esencial: cerrar.
Y la pregunta ya no es únicamente quién ganará, sino si este proceso puede producir alguna forma de gobernabilidad. Porque el Perú no carece de conflicto. Más bien, lo que falta son partidos políticos capaces de canalizarlo.
Y mientras eso no ocurra, el país seguirá produciendo elecciones que multiplican colores… pero no construyen dirección.
Un arcoíris en plena tormenta… pero aún no encuentra el norte.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.













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