¿Nuevas elecciones en Lima?, por Enrique Castillo

Las graves irregularidades generadas desde la ONPE, con consecuencias en la votación en Lima, han llevado a que se planteen como soluciones la nulidad de todo el proceso electoral o, “por lo menos”, nuevas elecciones en Lima.

La nulidad de todo el proceso no genera mayor adhesión. Por lo escuchado y leído, y además por lo que algunos consideran como “reparación” mínima por el daño infligido a su expectativa electoral, parece que la idea de volver a realizar las elecciones en Lima podría tener cierto apoyo. La pregunta es: ¿puede ser viable?, ¿soluciona el problema?

Lo primero que habría que señalar es que, para que pueda considerarse una posibilidad, debería existir cierto consenso político. Una nueva elección en Lima, que representa un tercio del electorado, con pleno conocimiento de las tendencias actuales y de los resultados parciales nacionales al 94%, podría alterar totalmente, e incluso invertir, el resultado final luego de una nueva elección en Lima, en comparación con lo que hasta ahora se proyecta.

Segundo, debe sustentarse –o establecerse si no lo hay– el marco legal. Si lo hay, el JNE puede interpretar esas normas y realizar nuevas elecciones, o pedir al Ejecutivo que convoque a la brevedad nuevas elecciones en Lima. Si no lo hay, el JNE debe gestionar ante el Congreso una norma que haga viable que el Ejecutivo emita el decreto supremo de convocatoria.

Tercero, se debe considerar un nuevo cronograma, ya que se tiene que reprogramar todo el proceso electoral: nueva fecha para la realización de la segunda vuelta, para la proclamación de los resultados, para el proceso de transferencia y, probablemente, con necesidad de una reforma constitucional ‘express’, para la toma de mando.

Cuarto, definir si se trata solo de nuevas elecciones para presidente o también para los senadores y diputados; y si será solo en Lima Metropolitana o también en la región Lima.

Quinto, solo será viable: i) si se toma la decisión ¡ya!; ii) si renuncian inmediatamente el jefe de la ONPE y los funcionarios responsables de las irregularidades; iii) si la ONPE puede corregir a tiempo sus problemas logísticos y todas las irregularidades cometidas; iv) si se suspende inmediatamente el conteo de los votos, por lo menos en Lima; v) si el Gobierno asegura y transfiere los recursos económicos necesarios; vi) si los candidatos y partidos políticos que aceptan participar se comprometen, públicamente y por escrito, a reconocer y respetar los resultados de esta nueva elección.

En base a todo esto, hay que evaluar bien las cosas, porque el remedio puede ser peor que la enfermedad.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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