
La halitosis es una preocupación frecuente y muchas veces se relaciona de forma automática con problemas digestivos. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el origen se encuentra en la cavidad oral, donde la acumulación de bacterias, la inflamación de las encías o una higiene insuficiente favorecen la aparición del mal olor. Aunque es menos frecuente, el mal aliento también puede aparecer asociado a algunas patologías digestivas. El reflujo gastroesofágico persistente, determinadas infecciones gástricas o alteraciones del esófago pueden influir en su aparición. Por este motivo, si el problema no mejora tras reforzar la higiene oral, resulta recomendable una valoración médica completa.
Asimismo, la halitosis también puede tener repercusión en la vida social y en la autoestima. A este respecto, Delia García, psicóloga del servicio de prevención de la salud de Sanitas Seguros, señala que “cuando el mal aliento lleva a evitar encuentros sociales, hablar con inseguridad o cubrirse la boca de forma constante, conviene atender tanto la causa clínica como el posible impacto emocional asociado”.
Ante esta situación, los expertos de Sanitas Dental recomiendan adoptar algunas medidas concretas para prevenir la halitosis de origen bucal, como incorporar la limpieza lingual a la rutina diaria, cuidar la higiene interdental, revisar la técnica de cepillado, utilizar un enjuague bucal especifico, evitar la sequedad oral y prestar atención a signos de enfermedad periodontal.










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