La primera tarea del nuevo presidente es nombrar a su Gabinete. No somos un país institucional. Si no está el ministro, no se firman documentos, decretos, autorizaciones, presupuestos. El país no se mueve.
El presidente José María Balcázar pidió primero reunirse con los partidos políticos. Es un signo claro de cuánto depende de los arreglos que hizo para ser elegido por 64 congresistas.
Ha prometido tres prioridades para su gestión. Transparencia electoral, estabilidad económica y seguridad ciudadana. Suena, al menos, tranquilizador.
Balcázar tendrá cuatro meses de gestión, en el mejor de los casos. No se puede hacer mucho. Sí, en cambio, se puede destruir bastante.
Para no destruir, no debería contar con exasesores de Pedro Castillo, ni hacerle caso a su amigo Vladimir Cerrón. Se trata de un prófugo de la justicia.
Cerrón ha pedido la destitución del comandante general de la Policía, Óscar Arriola. Si ese cambio se produce, ya sabremos a quién le hace caso el actual presidente.
Balcázar debe dejar de jugar a la ronda y definirse. Vayamos por un lado u otro, lo más importante es la determinación. No es fácil, pero esa es su tarea inminente.
No conocemos hasta ahora los nombres de sus asesores inmediatos. Presentarlos podría calmar la situación y dar la estabilidad económica que promete. Por lo pronto, conseguir tranquilidad sería suficiente.
Sobre la seguridad ciudadana cabe esperar poco. Su antecesor solo hizo show. Presentó un plan de seguridad nacional, pero ya quedó descartado. José Jerí era más eficiente en contratar personal femenino que en gobernar.
Para luchar contra el crimen se requiere revisar leyes, presupuesto y una reingeniería de los recursos humanos. Pero si Balcázar depende de sus alianzas, ¿podrá conseguir anular las leyes procrimen que hicieron los partidos?
La victoria de Balcázar en el Congreso es proporcional a sus compromisos. ¿Resistirá las presiones durante el proceso electoral?
El actual jefe del Estado tiene ideas bárbaras sobre el matrimonio infantil. Además, un proceso por apropiación ilícita común. O sea, robo. Es, por supuesto, inocente hasta que se demuestre lo contrario.
Gravísimo, también, el testimonio de Jaime Villanueva sobre él. Habría pactado con la ex fiscal de la Nación Patricia Benavides. Habría ayudado a bloquear denuncias constitucionales contra ella, a cambio de que el Ministerio Público contrate a un familiar suyo.
Este es nuestro presidente. Todavía no sabemos, sin embargo, cuál es nuestro gobierno. Esta es la prioridad, a pesar de todo lo demás.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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