En las últimas semanas, conforme parecía cada vez más claro que entraría a segunda vuelta, el candidato Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) comenzó a ensayar una imagen de moderación para encandilar a los electores más escorados al centro. No es la primera vez que vemos algo así. Rápidamente, uno recuerda a Ollanta Humala en el 2011 cambiando el polo rojo por el blanco, pero también a Pedro Castillo hace apenas cinco años, diciendo que Vladimir Cerrón no sería visto “ni siquiera de portero” en su gobierno, para luego constatar que el hoy prófugo de la justicia armaba gabinetes e imponía ministros, como aquel recordado del “agua arracimada”.
En el caso de Sánchez, hasta ahora, su intento de metamorfosis ha pasado, en primer lugar, por pretender distanciarse de Antauro Humala, su socio político y al que no tuvo reparos en acercarse antes de la primera vuelta para rascar algunos votos (los suficientes al menos como para ingresar al balotaje) y, en segundo lugar, por reciclar a varios ‘técnicos’ del gobierno de Pedro Castillo –del que él mismo formó parte– para vendernos el cuento de que tiene algo parecido a un plan de gobierno solvente. La jugada, sin embargo, es tan burda e impostada que basta con escuchar las declaraciones del nuevo vocero en temas económicos de su campaña, Pedro Francke, para notar que se contradice abiertamente con el proyecto de Sánchez.
Entrevistado esta semana por RPP, por ejemplo, Francke planteó “buscar la continuidad del equipo técnico y de dirección del BCR”, que, como todos los peruanos saben, encabeza Julio Velarde. El mismo Julio Velarde al que Roberto Sánchez decía hace no mucho que lo iban a “echar en nuestro primer día de gobierno” y cuya continuidad puso en duda ayer. De forma general, el discurso a favor de la inversión privada, el respeto a los contratos y la estabilidad macroeconómica que enarbola ahora Francke está en las antípodas de los postulados económicos del Sánchez de la primera vuelta y de las leyes que apoyó como congresista en el período actual.
¿Ha cambiado de ideas el candidato? Pues su renuencia a firmar una hoja de ruta y a abandonar definitivamente el sueño de la asamblea constituyente sugieren que no. Que lo que ha hecho, más bien, es cambiar de estrategia con tal de captar los votos de aquellos ingenuos que luego, muy seguramente, se harán los indignados al descubrir que Roberto Sánchez gobierna… como Roberto Sánchez.
Lo que el candidato de JP viene proyectando estos días no es moderación; es una artimaña electoral a la que le saltan las costuras por todos lados. Y no hay que ser muy perspicaz para notarlo.
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