En las encuestas existen tres grupos: 1) las candidaturas que encabezan los cuadros y cuyos números son bajos y se mueven muy lentamente, 2) las que se mueven (suben y bajan), 3) las que permanecen en el rubro “Otros”.
En las encuestas existen tres grupos: 1) las candidaturas que encabezan los cuadros y cuyos números son bajos y se mueven muy lentamente, 2) las que se mueven (suben y bajan), 3) las que permanecen en el rubro “Otros”.
Entre las que se mueven han aparecido, casi secuencialmente, candidaturas que han escalado hasta el 4% o 5%, cayendo luego casi con la misma velocidad con la que aparecieron. La caída de una es el auge de la siguiente.
Carlos Espá, Wolfgang Grozo y ahora Jorge Nieto en etapa de ascenso fueron catapultados en las encuestas por las redes sociales, tiktokers o creadores de contenido que, entusiastamente o bien remunerados (como en el caso de César Acuña) les hacen el trabajo a sus ‘preferidos’, sin distinción de ideología o preferencia política partidaria. Ni ellos ni sus seguidores conocen bien el nombre de los partidos ni su línea política o historial, pero sí el nombre y el rostro del elegido del momento.
En el mundo digital se busca o se promueve una candidatura que encandile. Ahí no existe derecha o izquierda, solo se busca un rostro nuevo que guste a la gente, la candidatura que se convierta en el ‘outsider’ de la temporada y que pueda enfrentar al “pacto mafioso”.
En otros sectores las cosas no son muy sólidas. Varios votantes adultos de la derecha sienten desconfianza y temor por las candidaturas de la misma derecha: a una le temen al caos y desorden si gana, y a alguna otra porque tienen miedo de que pierda y le deje el gobierno a la izquierda. Quisieran una candidatura de derecha que no genere dudas como las actuales.
Lo mismo ocurre entre sectores de los votantes adultos de la izquierda. Existe rechazo hacia las candidaturas que se proclaman de izquierda porque tienen pactos con caviares o populistas y clientelistas, o porque no son todo lo radicales que deberían ser.
Tenemos más del 50% de electores que todavía no saben por quién votar, que no sabemos hacia dónde irán. Los debates algo los ayudarán, pero no los definirán todavía. Cualquier movimiento (un mal gesto, una mala frase o una foto comprometedora) puede inclinar la balanza hacia cualquier lado, y con una fracción de ese 50% puede cambiar el rumbo de la elección.
Ninguna candidatura tiene solidez ni buenos fundamentos, sea de derecha o izquierda, y eso lo percibe el electorado, por eso sigue buscando.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.













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