Los no representados

Si Keiko Fujimori quiere cumplir su gran promesa de que todos los peruanos puedan acceder a servicios básicos eficientes y a una formalidad inclusiva, no puede rebajar la ambición reformista expuesta en el borrador del pedido de facultades legislativas.

Una mala señal fue el retroceso populista en la propuesta de disminución de feriados, desconociendo que esos feriados benefician solo al 30% de los peruanos que tienen el privilegio de trabajar en el sector formal. Es populismo para los afortunados. El ministro Juan Sheput ha reconocido que, si bien los feriados benefician al turismo, incrementan los costos de la industria. Pero no solo de la industria: de la formalidad en general, ahondando la brecha entre formales e informales, que es la gran injusticia estructural del Perú. A ello se suma el incremento del salario mínimo largamente por encima de la inflación, una barrera absoluta para la formalización y un incentivo para informalizar, pues muchas empresas pequeñas no lo podrán pagar.

Se dice que se da ese aumento para neutralizar a la izquierda, pero eso mismo pone de manifiesto que la izquierda representa a los sectores formales organizados relativamente privilegiados con capacidad de movilización, contra los intereses difusos y desorganizados de las mayorías informales y emergentes que el fujimorismo representó claramente en los noventa, pero que luego dejó de hacerlo. Fuerza Popular no debe olvidar que su sentido es volver a representar e incluir a los excluidos.

La gran división no es entre capital y trabajo sino entre formalidad e informalidad. Y así como no hay contradicción esencial entre capital y trabajo porque a más capital mejores salarios (y mucho mejores si hubiera un mercado laboral libre), sí la hay entre formalidad e informalidad. Porque a mayor costo legal de la formalidad, más informalidad, más exclusión, más expulsión. Con el agravante de que los informales no tienen representación.

No solo eso. Una formalidad cada vez más cara crea más informales que producen bienes y servicios baratos para los formales que los adquieren para compensar el alto costo relativo de operar en la formalidad. Lo que tenemos es explotación. Por eso, se da la situación paradójica de que mientras los formales gozan del mayor número de días no laborables al año en el mundo –como si fuéramos un país rico–, somos la nación en la que la gente trabaja más horas al año. Mientras los formales descansan, los informales chambean.

La misión de este gobierno debería ser poner fin a esa división. Por eso es indispensable no solo eliminar feriados sino desregular en general y en lo laboral. Eso beneficiará a los propios trabajadores formales pues un mercado laboral dinámico elevará sus remuneraciones, como ocurrió en el sudeste asiático y ocurre en la agroexportación, donde un régimen laboral flexible permite que un trabajador pueda ganar más de S/6.000 al mes. Y beneficiará también a la CGTP y a la CTP, que tendrán una base sindical mucho más amplia, porque habrá mucho más trabajo. Pero tienen que atreverse a salir de sus pequeños feudos de poder para abrazar a todos los peruanos.

Más empleo y remuneraciones más altas para todos, vía el mercado. Esa es la gran promesa.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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