Si se quiere lograr la gobernabilidad en democracia, es clave que las candidaturas que compitan en la segunda vuelta den señales de compromiso y de respeto absoluto por normas democráticas básicas, como la independencia de poderes y los derechos individuales. Sería conveniente que la segunda vuelta electoral no se convierta en una repetición maquillada de la del 2021.
El aspecto crucial es que no se ahonde la forzada polarización, promovida hasta por voces golpistas, que empuja a una trifulca que convierte al adversario en enemigo irreconciliable. En términos prácticos, evitarlo implica que los contendores se acerquen hacia el centro político. Hasta por estricto cálculo lo deberían hacer, porque, con matices, está a la vista que fuerzas políticas –y, por ciento, por su volumen de votantes– como el Partido del Buen Gobierno, liderado por Jorge Nieto, de centro, y Ahora Nación, liderado por Alfonso López Chau, de centroizquierda, tendrán un papel decisivo para dirimir la segunda vuelta.
Incluso pueden sumarse a este centro electoral los votantes del Partido Cívico Obras, de Ricardo Belmont, con una alta votación nacional y en varias regiones, incluidas Puno (18% aprox.), Cusco, Tacna y Ayacucho (15% aprox.). Dicho esto sin olvidar a Primero la Gente, de Marisol Pérez Tello, con más de medio millón de votos, ni a Sí Creo, de Carlos Espá, con una cifra similar.
Hoy por hoy, la agresiva campaña de los fraudistas nubla los matices visibles en las votaciones regionales y nacional, y genera una falsa imagen de polarización extrema que, si se analizan los resultados con un mínimo de calma, es evidente que en los votos no existe. Los arrebatos inducen a interpretar la situación política de una manera equivocada; y, entre sus efectos más perniciosos, bloquea la posibilidad de trasladar el eje de supuesta polarización irreconciliable hacia la instalación de una pugna intensa pero democrática.
No hay que olvidar, por otro lado, que, durante los últimos cinco años, los agrupamientos que se enfrentaron en una “guerra santa” en la segunda vuelta del 2021 hicieron pactos múltiples en Congreso, y que ahora, en este nuevo balotaje, se enfrentarán caras similares, que también han coincidido en votaciones controversiales en el Parlamento.
Urgen, entonces, señales de respeto a los derechos democráticos. Esto equivale, por ejemplo, a que los parlamentarios cesen la persecución contra Delia Espinoza, decana del Colegio de Abogados de Lima, y que el presidente del Congreso no siga amenazando con “limpiar” el Poder Judicial.












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