Me encantan las situaciones en donde se muestra la inteligencia en múltiples niveles. Hablemos del futuro post electoral del Perú, pero también de la Inteligente Artificial (IA). Hablemos de política, pero también de religión. Qué interesante cómo en la vida uno puede estar frente a un mundo colapsado por guerras, dominado por la IA, recibiendo una encíclica de IA escrita por el Papa desde el Vaticano, mientras acaba de votar por el futuro del todo el Perú, dividido radicalmente entre derecha e izquierda. La encíclica “Magnifica Humanitas” del Papa León XIV nos da una clase magistral de cómo establecer una posición clara frente a la tecnología, pero incluyendo aspectos sociales, económicos, culturales y hasta políticos desde un espacio religioso. Casi como si se unieran todos los temas polémicos del mundo en un solo documento, en un solo momento.
La posición principal de la encíclica sobre IA es garantizar que la tecnología no sea una herramienta de control absoluto de la humanidad, partiendo de que la IA no es tecnología neutral (como lo es la imprenta o una máquina de escribir), sino un compañero de pensamiento computarizado. La IA tiene hoy el poder de influir, informar, formar criterio y hasta convencer al ser humano. Entonces, quien domina la IA domina al mundo. La preocupación del Papa es que así se domine también la moral y la dignidad humana.
Esta narrativa se convierte entonces en una versión en esteroides de la famosa frase “el conocimiento es poder”. Nunca me quedó tan claro como en los recientes espacios políticos peruanos que no hacen sino desnudar la triste realidad en la que vivimos: la pobreza en nuestro país no solo es tangible, sino intangible. La carencia de educación nos lleva siempre a tener líderes nula o medianamente preparados, capaces de tergiversar la realidad a favor o en contra, según sus intereses y así capitalizar la ignorancia de la gran mayoría a punta de frases vacías, falsas, aprendidas.
Es así como la IA, con todo lo que me sorprende para bien a diario, es también capaz de fingir empatía, estableciendo con el interlocutor una relación falsa creada en base a algoritmos, pero construida a partir de una conversación real, impecable, sin fallas, con argumentos documentados. La IA termina así deslumbrando y conquistando a la estupidez humana a punta de lógica cibernética y buenos modales.
Dejo para el final la magnifica estocada en la encíclica, en donde León cita a Gandolf, entrañable personaje de El Señor de los Anillos, de Tolkien, para dar con una misma frase un mensaje muy humano: “No nos atañe a nosotros dominar todas la mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir”. En esta frase está dicha también una enseñanza que aplica a la perfección a la política, a la sociedad, a la tecnología y a la vida misma.
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