Lo importante no es el lugar, sino los temas a tratar

Definidos los candidatos que competirán en la segunda vuelta de las elecciones, lo que corresponde ahora es establecer el marco y la materia de los debates que deberán sostener entre ellos. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha confirmado dos instancias de confrontación pública: un debate técnico entre los equipos de gobierno de ambas agrupaciones, programado para el 24 de mayo en la sede del JNE en el jirón Nasca, en Jesús María; y el debate presidencial entre los candidatos, fijado para el 31 de mayo en el Centro de Convenciones de Lima, en San Borja. Ambas citas tienen lugar antes de la segunda vuelta del 7 de junio, y su celebración es una buena noticia para la democracia. Sin embargo, a la natural confrontación entre los dos candidatos finalistas, resulta conveniente que los vicepresidentes de cada una de las partes sostengan también una compulsa de planes y perfiles. El aspirante presidencial de Juntos por el Perú (JP), Roberto Sánchez, había querido imponer la localidad de Chota, en Cajamarca, como el emplazamiento de la discusión, en un intento de replicar la atmósfera de cargamontón que su actual adversaria debió enfrentar en ese lugar cuando contendió con Pedro Castillo (a quien Sánchez nítidamente ha intentado emular a lo largo de toda la campaña). Eso, sin embargo, no pasó de ser una jugada política, ya que, por un lado, la plaza del debate no puede ser determinada unilateralmente; y, por otro, lo auténticamente importante de las confrontaciones de las que estamos hablando son las materias a discutir y las capacidades de las personas que cada partido está anunciando como parte de sus cuadros para gobernar.

En el caso de Juntos por el Perú de Roberto Sánchez, lo poco que se conoce de su equipo técnico deja en evidencia que se ha armado con improvisaciones de última hora, reciclando a algunos rostros nefastos de la época del golpista Castillo y reclutando también a oportunistas dispuestos a pisar lo poco de prestigio que les queda por un cargo. Los perfiles que han trascendido no hacen sino confirmar esta preocupación. José Domingo Pérez, quien fuera fiscal anticorrupción, avala hoy un partido que lleva como aliados a un golpista como Castillo y a un condenado como Antauro Humala, lo que resulta incomprensible viniendo de quien debería encarnar la lucha contra la impunidad. Manuel Rodríguez Cuadros, quien renunció como embajador durante la época de Castillo en señal de protesta, hoy avala al “sombrero 2”, contradiciendo con su presencia los principios que invocó al alejarse del cargo. Y Pedro Francke, quien renunció al Ministerio de Economía durante el gobierno de Castillo precisamente por la inviabilidad de ese proyecto y la corrupción que lo corroía, aparece ahora como el nuevo avalador del candidato que propone indultarlo y plantea el mismo recetario que él mismo abandonó. Significativamente, Francke ni siquiera se presentó en el acto de anuncio del equipo técnico de Sánchez, detalle que habla por sí solo sobre la solidez de ese proyecto.

Frente a este cuadro, Keiko Fujimori tiene una oportunidad importante: mientras Sánchez recurre a exfuncionarios con historial negativo y contradicciones biográficas difíciles de sostener, Fuerza Popular puede presentar ante la ciudadanía gente con trayectorias coherentes y propuestas concretas. El debate técnico del 24 de mayo será precisamente el escenario en que esa diferencia podrá hacerse visible.

Es importante que la ciudadanía pueda ver un debate sobre lo que las dos opciones políticas quieren hacer en economía, seguridad, educación y salud –por mencionar solo los temas más acuciantes de la hora presente– y conocer los rostros detrás de cada plan. Sánchez ha defendido abiertamente modelos fracasados, ha minimizado el rol del crecimiento económico y presenta una visión ideológica de confrontación contra la inversión privada. Confrontar públicamente con argumentos esas recetas que solo traerían más pobreza es fundamental para el elector indeciso.

El trabajo proselitista de cada candidato por todo el territorio nacional seguirá sin duda su ritmo durante los 20 días que faltan para que acudamos a las urnas. Pero les toca a ambos y a sus equipos tomarse el tiempo de exhibir sus fortalezas y debilidades ante la ciudadanía, cuyo respaldo demandarán el próximo 7 de junio. Es la hora del debate.

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