Durante años, la inteligencia artificial fue vista como una conversación técnica, muchas veces confinada a las áreas de innovación o tecnología. Hoy, eso cambió. La IA se ha convertido en una decisión estratégica que compromete directamente la competitividad, la productividad y la capacidad de adaptación de las empresas. Y cuando eso ocurre, el liderazgo deja de ser delegable.
Durante años, la inteligencia artificial fue vista como una conversación técnica, muchas veces confinada a las áreas de innovación o tecnología. Hoy, eso cambió. La IA se ha convertido en una decisión estratégica que compromete directamente la competitividad, la productividad y la capacidad de adaptación de las empresas. Y cuando eso ocurre, el liderazgo deja de ser delegable.
Los datos lo muestran con claridad. Hoy, el 72% de los CEO afirma ser el principal tomador de decisiones en inteligencia artificial, y la mitad considera que su desempeño depende de implementarla correctamente. No se trata solo de una mayor curiosidad por la tecnología, sino del reconocimiento de que la IA ya impacta el corazón del negocio: cómo se decide, cómo se opera y cómo se compite.
Este cambio también se refleja en la inversión. Las empresas planean duplicar su gasto en IA en 2026, y el 94% seguirá invirtiendo incluso si no ve resultados inmediatos. Eso revela algo importante: la conversación dejó de centrarse en la experimentación aislada y empezó a moverse hacia una lógica de transformación. Las organizaciones entienden que esperar demasiado puede salir más caro que avanzar con convicción.
Pero avanzar no significa simplemente destinar más presupuesto. La verdadera diferencia está en cómo se construyen capacidades alrededor de esta tecnología. Los líderes más adelantados no solo invierten más, sino que también priorizan la capacitación y la reconversión de su talento. Ese punto es crucial: la IA no genera valor sostenido por sí sola. El valor aparece cuando las empresas logran conectarla con sus procesos, sus equipos y sus decisiones estratégicas.
En ese contexto, los agentes de IA marcan una nueva etapa. Más del 30% de la inversión total en IA ya se está orientando a estas soluciones, y alrededor del 90% de los CEO considera que permitirán generar retornos medibles en 2026. Esto sugiere que estamos entrando en una fase más ambiciosa, en la que la IA deja de ser solo una herramienta de apoyo para convertirse en un motor de ejecución, automatización y transformación de procesos completos.
La pregunta ya no es si la inteligencia artificial va a redefinir el mundo empresarial. Eso ya está ocurriendo. La verdadera pregunta es qué líderes serán capaces de convertir esa oportunidad en resultados concretos. En esta nueva etapa, mirar desde la tribuna ya no es una opción.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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