Hay momentos en los que un país no puede darse el lujo de la dispersión. Este es uno de ellos. Hemos denunciado irregularidades graves en la primera vuelta, exigido la salida del jefe de la ONPE y de su equipo, y reclamado una auditoría que garantice una segunda vuelta limpia y transparente. Esa exigencia es irrenunciable. Pero el país no puede quedar detenido. La política no espera, menos aún cuando está en juego el rumbo del Perú.
Mientras la derecha hoy aparece fragmentada, en el otro lado la campaña sigue su curso: se suman apoyos, se activan coaliciones y son más articulados en redes sociales. Alfonso López Chau ya apareció marchando al lado de Roberto Sánchez. Ronald Atencio participó en el congreso de Antauro Humala, donde ambos radicales ratificaron su apoyo a Juntos por el Perú. En los últimos días han concentrado sus acciones buscando votos en Lima, que les fue esquivo en la primera vuelta. Esto obliga a preguntarse qué está haciendo el bloque de la derecha. ¿Hay alianzas a la vista? ¿Hay algún plan conjunto de defensa de ideas? ¿Hay una estrategia de comunicación? ¿Hay un plan para captar el apoyo del elector indeciso?
El plan de Sánchez no es inocuo. Propone cambiar la Constitución, eliminar la libre iniciativa privada, revisar los tratados de libre comercio, intervenir la autonomía del BCR, destituir a Julio Velarde, el control estatal total sobre recursos naturales y sectores estratégicos, ataca a la agroexportación, incluso amenaza la independencia de los medios de comunicación. Es decir, propone desmontar los pilares que han sostenido el crecimiento, el empleo y la estabilidad. Frente a eso, ¿dónde está la defensa clara de esos principios?
La derecha –y todas las fuerzas democráticas que rechazan un proyecto de retroceso, hambre e incertidumbre, hoy reforzado por el apoyo del criminal Antauro Humala y su discurso antisistema– debe entender que este no es momento para cálculos individuales. Se requiere urgencia, unidad y sentido de responsabilidad, tanto en la campaña como en la construcción de mayorías en el Congreso. Tanto Fuerza Popular como Renovación Popular tienen que darse cuenta del rol que jugarán en el próximo Parlamento para frenar cualquier deriva radical de la izquierda. Ya es hora de no seguir perdiendo el tiempo.
También preocupa el discurso del voto blanco o viciado. Puede nacer de la frustración, pero votar en blanco o viciado es dejar que otros decidan por ti. Pero lo que no se puede tolerar de ninguna manera son los llamados a la insurgencia o a un “golpe democrático”. Es inadmisible que se pida algo así. La institucionalidad no se defiende tumbándola. Tampoco hay causa que justifique agresiones como las ocurridas frente a la vivienda del presidente del JNE.
El Perú enfrenta una disyuntiva clara: o las fuerzas de centro y derecha entienden la gravedad del momento y actúan en consecuencia, o volveremos a pagar el costo de la división. La historia reciente ya dio suficientes lecciones. Ignorarlas, esta vez, sería imperdonable.













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