El ministro de Trabajo y Promoción del Empleo, Flavio Cruz, recibió el miércoles 15 de julio a tres dirigentes de la Fenatep, sindicato fundado por Pedro Castillo y cuya inscripción fue anulada por el propio sector que encabeza en el 2023. La reunión confirma lo que ya señalamos en este Diario cuando cuestionamos su nombramiento: Cruz llegó al sector no por mérito técnico, sino como cuota de Perú Libre, el partido de Vladimir Cerrón, y su gestión ya muestra para qué fue puesto ahí.
Cruz insiste en que legalizar a la Fenatep “no está en su agenda”. Pero sus actos lo contradicen. Antes de esa reunión había dicho que, si el sindicato “cumple con todos los requisitos, tiene que reconocerse”. Después, admitió que el trámite de inscripción sigue en curso y que su despacho evalúa las observaciones pendientes. No hace falta suspicacia para notar la incoherencia: no se sostiene que algo no esté en agenda mientras se recibe a quienes gestionan ese trámite.
El problema no es solo de forma. La Fenatep arrastra denuncias de vínculos con el Movadef, fachada de Sendero Luminoso disuelta judicialmente por su origen senderista. Dirigentes de la organización, como Mery Coila Ramírez y Lucio Ccallo Ccallata, figuran en los planillones que el Movadef presentó ante el Jurado Nacional de Elecciones. Legalizar a una federación con esos antecedentes en su dirigencia no es un trámite cualquiera: compromete la seguridad del Estado y la formación de escolares.
A esto se suma que, ese mismo día, dirigentes de la Fenatep también acudieron al Ministerio de Educación, para presentar su pliego de reclamos. Que el mismo gremio toque puertas en Trabajo y Educación en cuestión de días no parece casualidad, sino una estrategia para ganar legitimidad institucional por ambos flancos del Estado, mientras sus ministros aseguran que no hay nada que negociar.
Cruz puede seguir negando intenciones, pero cada reunión, cada declaración ambigua y cada registro extemporáneo lo desmienten. Un gobierno de transición que agota sus últimos días no debería usar ese tiempo para allanarle el camino a un sindicato con dirigentes ligados al terrorismo. Si Cruz quiere despejar dudas, la vía no es negar en público lo que hace en privado, sino cerrar la puerta que él mismo le mantiene abierta a la Fenatep.
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