En un mundo donde predominan los géneros musicales contemporáneos, vale la pena preguntarse si la música clásica aún mantiene un lugar relevante en la sociedad actual.
En un mundo donde predominan los géneros musicales contemporáneos, vale la pena preguntarse si la música clásica aún mantiene un lugar relevante en la sociedad actual.
Desde una perspectiva científica, diversos estudios han demostrado que la música puede influir en la neuroplasticidad cerebral y en procesos relacionados con la memoria, la atención y la regulación emocional. Como señalan en “The transformative power of music: Insights into neuroplasticity, health, and disease”, estos efectos están vinculados al funcionamiento del cerebro y respaldan su impacto en el aprendizaje y el bienestar cognitivo.
En la actualidad, la música clásica no ha desaparecido, sino que ha evolucionado en nuevas formas de expresión. Compositores como Hans Zimmer demuestran cómo la tradición orquestal puede integrarse con elementos modernos del cine y la tecnología sonora, generando obras que conservan la esencia clásica mientras se adaptan a audiencias contemporáneas. Por otro lado, John Williams representa una continuidad más fiel a la tradición orquestal en el cine, manteniendo un estilo sinfónico cercano a estructuras tradicionales y consolidando el legado de la música clásica en el lenguaje cinematográfico.
Impulsar la música clásica no implica mirar al pasado, sino reconocer su vigencia y capacidad de adaptación. Su presencia en la educación, el arte y los medios actuales contribuye a una sociedad más creativa, reflexiva y profundamente sensible. Su valor no radica solo en la tradición, sino en su impacto en la experiencia cultural contemporánea.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












Deja una respuesta