La nueva era minera: políticas que atraen capital en un mundo competitivo, por Emil Ruppert | OPINION

Durante décadas, la máxima en la industria minera fue simple: “el capital sigue a la geología”. Si había mineral de alta ley, la inversión llegaba, casi sin importar el riesgo país. Sin embargo, desde hace tiempo, esa lógica ha venido cambiando, primero porque la incertidumbre política ha venido teniendo cada vez más peso en las decisiones, y últimamente porque en un mundo donde la transición energética demanda cobre, litio y tierras raras a velocidades récord, la geología ya no es suficiente.

Al analizar las jurisdicciones que han logrado atraer inversión de manera exitosa recientemente —desde Canadá hasta Arabia Saudita—, se observa un patrón claro: el éxito no radica en la desregulación ambiental, sino en la certidumbre fiscal, la eficiencia burocrática y el apoyo estratégico.

El caso de Canadá sigue siendo el estándar de oro. Su éxito sostenido no se debe a impuestos corporativos bajos, sino a mecanismos inteligentes como las Flow-Through Shares. Esta política permite a las empresas “junior” transferir sus gastos de exploración no utilizados a los inversores como créditos fiscales. Esto reduce drásticamente el riesgo en la etapa más volátil del negocio: el descubrimiento.

La barrera de entrada más alta en minería es la información. Aquí es donde Arabia Saudita ha revolucionado el tablero en los últimos cinco años. Bajo su “Visión 2030”, el Estado no solo reformó su ley minera en 2021 para agilizar licencias, sino que invirtió masivamente en estudios geológicos, poniendo datos de alta calidad a disposición de los inversores de forma gratuita. Al eliminar la incertidumbre geológica inicial, el Reino ha logrado atraer a los mayores jugadores globales en tiempo récord, convirtiendo el desierto en un nuevo polo minero.

Finalmente, Australia ha entendido que el futuro no está solo en la extracción. Su Estrategia de Minerales Críticos 2023-2030 ofrece incentivos fiscales no solo para minar, sino para procesar. Al ofrecer reembolsos sobre los costos de construcción de plantas de procesamiento, Australia se alinea con la necesidad occidental de cadenas de suministro seguras y fuera de la influencia geopolítica de competidores asiáticos.

Las políticas estatales exitosas de la última década nos enseñan que el inversor moderno no busca paraísos fiscales, sino socios estratégicos. Los países que ganan la carrera por la inversión son los que ofrecen reglas claras (estabilidad jurídica), trámites ágiles (digitalización) y riesgos compartidos (incentivos a la exploración). En la minería del siglo XXI, la política estatal es tan valiosa como la ley del mineral bajo tierra.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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