El regreso de la delgadez extrema no es una percepción: es un hecho documentado. En el 2025, el hashtag #SkinnyTok agrupó más de 5.000 publicaciones en TikTok en un solo mes, con casi cien millones de visitas, promoviendo rutinas restrictivas como sinónimo de disciplina y éxito. Tras la década de la aceptación y visibilización de cuerpos reales, las imágenes sugieren un retorno a las aspiraciones estéticas de los 90, y los adolescentes que crecieron creyendo que ese ciclo estaba roto se encuentran de nuevo atrapados en él.
A inicios de los 2000, la figura ideal era representada por modelos delgadas y un estilo de vida que incluía bajo consumo calórico, rutinas demandantes y miedo constante a subir de peso. Frases como “tengo que bajar ese rollito” o “¿qué dieta estás siguiendo?”, combinadas con ese contexto, terminaban frecuentemente en trastornos alimenticios.
Según estudios del Instituto Nacional de Salud Mental del Perú, entre el 7% y el 11% de adolescentes presentan trastornos alimenticios, y en los últimos cinco años, los casos en menores de edad crecieron un 300%.
¿Por qué ahora? La pandemia distanció a los jóvenes de interacciones reales, y las redes sociales llenaron ese vacío con referentes inmediatos: el artista favorito, la modelo, el influencer. Esa inmediatez hace casi imposible evitar la comparación, reforzada por un estándar que susurra: delgadez = disciplina, delgadez = bonita, delgadez = ganar.
A esto se suma un factor silencioso: la autopercepción. Muchos jóvenes no buscan ser delgados por salud, sino porque internalizan que un cuerpo más delgado equivale a más aceptación social, más valor. La delgadez se convierte así en una moneda de cambio emocional, y esa creencia es precisamente lo que alimenta el ciclo.
La solución no es individual: exige que las plataformas regulen el contenido que promueve la restricción, que las escuelas incluyan educación sobre imagen corporal y que los medios dejen de tratar la delgadez como sinónimo de éxito. El ciclo no se rompe solo con mirarse al espejo, se rompe cambiando lo que el espejo refleja.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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