Anuario iSanidad 2025
Dr. Francisco José Tarazona, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG)
La sanidad española se encuentra en una encrucijada y su futuro depende de su capacidad para responder a una nueva realidad: más años de vida, pero también más enfermedades crónicas. Esta transformación urgente, que se desarrolla en plena revolución digital, exige no perder de vista la humanización del cuidado y centrarse en lo más esencial: el paciente.
Estos cambios obligan a mirar de frente a lo más esencial: el paciente. En este sentido, la geriatría, por su enfoque transversal y su vocación de cuidado, está llamada a liderar un modelo sanitario que prevenga, acompañe y trate a la persona mayor con proporcionalidad y sin edadismo, evitando tanto el infratratamiento como el encarnizamiento terapéutico.


Garantizar que los años ganados a la vida se vivan con plenitud es el verdadero desafío que acompaña nuestro éxito demográfico. Esta responsabilidad colectiva nos exige pasar de las buenas intenciones a los hechos mediante la promoción del envejecimiento saludable, la implantación real de un calendario vacunal del adulto mayor y la detección precoz de la fragilidad. Esos tres ejes no deben ser deseos, sino decisiones estratégicas de calado para mejorar años de vida y, sobre todo, vida en los años.
Esta transformación urgente, que se desarrolla en plena revolución digital, exige no perder de vista la humanización del cuidado y centrarse en lo más esencial: el paciente
A esto unimos el abordaje de dos retos inaplazables: la soledad no deseada, que deteriora la salud mental y física y que exige un enfoque sociosanitario coordinado y evaluable; y la polifarmacia, con la carga anticolinérgica evitable, que demanda una cultura de prescripción prudente y deprescripción responsable. La solución a estos problemas incluye equipos, procesos y métricas dentro de una mayor comunicación y coordinación entre los distintos niveles asistenciales.
En este contexto, la digitalización nos ofrece herramientas potentes: telemedicina y monitorización domiciliaria, inteligencia artificial aplicada al diagnóstico y a la prescripción, pero también plantea un riesgo real: excluir a quien más precisa la cercanía. La brecha digital no puede convertirse en una nueva desigualdad. En este mundo tecnificado, presente y futuro, la humanización de la atención es un mandato ético.
Escuchar, acompañar, respetar los tiempos del paciente mayor, comprender la historia vital y evaluar la complejidad clínica mediante la Valoración Geriátrica Integral (VGI) son la base de una atención segura y digna, que reivindica el vínculo humano como parte esencial del proceso terapéutico. La atención al mayor precisa de soluciones tecnológicas accesibles compatibles con los requerimientos de una atención presencial.
La atención al mayor precisa de soluciones tecnológicas accesibles compatibles con los requerimientos de una atención presencial
Con este espíritu, consideramos que debemos alzar la voz y ser escuchados por los gestores y políticos: la geriatría debe ser considerada especialidad estratégica y prioritaria del Sistema Nacional de Salud.
Esta consideración debe ir asociada a un plan nacional de expansión, con un incremento anual de plazas MIR, la creación de nuevas unidades docentes y la garantía de la presencia de servicios de geriatría en todas las áreas sanitarias de las comunidades autónomas, asegurando así una equidad territorial.
Abogamos también por una formación geriátrica nuclear postgrado para todo el sistema sanitario y en el pregrado, implementando competencias geriátricas troncales en los grados de Medicina y Enfermería.
La geriatría debe ser considerada especialidad estratégica y prioritaria del Sistema Nacional de Salud
Son muchos los puntos sobre los que hay que trabajar para ganar eficiencia en la atención al mayor. Algunos de los más importantes son implementar la VGI como modus operandi en toda atención al paciente mayor, realizar un cribado anual de fragilidad y caídas en mayores de 70 años en atención primaria y la valoración de fragilidad por parte del geriatra en pacientes candidatos a cirugía y/o terapias oncológicas.
Asimismo, convendría elaborar un Programa Nacional de Seguridad Farmacológica con conciliación obligatoria en las transiciones asistenciales, diseñar una Estrategia Nacional frente a la Soledad No Deseada y transformar nuestros hospitales en centros amigables con las personas mayores con unidades de ortogeriatría, circuitos especializados en la urgencia y formación en prevención del delirium.
Finalmente, sería adecuado construir un nuevo modelo sociosanitario en el que las residencias cuenten con equipos de soporte geriátrico y paliativo, historias clínicas interoperables y ratios profesionales vinculados a resultados en salud, no solo a estructura.
El momento de transformar la atención a nuestros mayores es ahora. La pandemia ha dejado una marca imborrable sobre la vulnerabilidad de las personas mayores y la necesidad de reforzar los sistemas de atención.
Desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) ofrecemos compromisos evaluables que devuelven a la geriatría su papel estratégico: cuidar mejor para vivir mejor. Con voluntad política, innovación responsable y una ética del cuidado que ponga a la persona mayor en el centro, España puede liderar una sanidad más humana, sostenible y equitativa.







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