La señora Keiko Fujimori deja hoy de ser presidenta electa para convertirse en mandataria en funciones. Las esperanzas cifradas en ella no son pocas, pues recibe las riendas de un país con problemas antiguos y nuevos; la mayoría de ellos urgidos de atención inmediata. Este Diario ha recogido las opiniones de las cabezas de los principales gremios empresariales, de su gran cantidad de columnistas y, en general, de analistas de distinto signo sobre tales problemas, y el resultado ha sido prácticamente unánime. La seguridad, el fenómeno de El Niño, el crecimiento económico y la eliminación de las barreras que empujan a tantos peruanos a la informalidad constituyen la primera línea de ese set de preocupaciones, seguida de cerca por la situación de la salud y la educación públicas, así como la del sistema de justicia. En todos esos terrenos, que seguramente serán materia del mensaje que escucharemos hoy de la nueva presidenta de la República, tiene que poner manos a la obra inmediatamente el Ejecutivo.
La señora Keiko Fujimori deja hoy de ser presidenta electa para convertirse en mandataria en funciones. Las esperanzas cifradas en ella no son pocas, pues recibe las riendas de un país con problemas antiguos y nuevos; la mayoría de ellos urgidos de atención inmediata. Este Diario ha recogido las opiniones de las cabezas de los principales gremios empresariales, de su gran cantidad de columnistas y, en general, de analistas de distinto signo sobre tales problemas, y el resultado ha sido prácticamente unánime. La seguridad, el fenómeno de El Niño, el crecimiento económico y la eliminación de las barreras que empujan a tantos peruanos a la informalidad constituyen la primera línea de ese set de preocupaciones, seguida de cerca por la situación de la salud y la educación públicas, así como la del sistema de justicia. En todos esos terrenos, que seguramente serán materia del mensaje que escucharemos hoy de la nueva presidenta de la República, tiene que poner manos a la obra inmediatamente el Ejecutivo.
Pero, desde luego, con la colaboración cercana del Legislativo, pues transformar las tareas que ello requiere en un campo de confrontación política sería el peor de los errores que los representantes de ese poder del Estado podrían cometer. De eso hemos tenido ya suficiente en los últimos tres o cuatro lustros, y la población está cansada de asistir a ese penoso espectáculo que deteriora de manera incesante su calidad de vida.
En lo que concierne específicamente al gobierno, la primera señal que debe emitir para dar certeza sobre su seriedad en este compromiso es la de conformar un Consejo de Ministros que se caracterice por su probidad y su capacidad técnica. La ciudadanía –incluida buena parte de la que no votó por ella– parece estar dispuesta a concederle a la señora Fujimori algo más que el beneficio de la duda para que inicie su mandato, pero es obvio que al menor escándalo de corrupción o aprovechamiento del poder esa buena disposición se desvanecerá y volveremos al infierno que ya conocemos.
Estamos ante la gran oportunidad de recuperar el tiempo perdido, de trabajar con objetivos claros y medibles, y de conseguir que el Estado llegue a donde nunca lo ha hecho. No podemos dejar que se pierda. No se pueden postergar por cinco años más las esperanzas de los peruanos sin que su fe en la democracia se vea afectada. Las prioridades están claras; ahora solo falta la determinación de atacarlas.
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