Cada vez que el Perú enfrenta una alerta sanitaria, se repite el mismo ciclo: sorpresa, reacción tardía y promesas de mejora que rara vez se sostienen en el tiempo. Ocurrió durante la pandemia por COVID-19 y vuelve a evidenciarse hoy con las alertas asociadas al hantavirus. Si algo han demostrado estos eventos es que el país necesita replantear, de manera estructural, cómo entiende y gestiona la salud pública.
El hantavirus no es una enfermedad nueva. Se trata de un virus conocido, transmitido principalmente por roedores silvestres infectados, cuyos factores de riesgo —como la acumulación de residuos, el deterioro ambiental, la expansión urbana desordenada y el contacto creciente entre humanos y fauna silvestre— están ampliamente documentados. Lo preocupante no es la falta de información científica, sino la limitada capacidad de prevención y vigilancia sostenida antes de que el problema alcance dimensiones mayores.
Y es justamente allí donde cobra relevancia el enfoque de Una Sola Salud (One Health), promovido por la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Sanidad Animal y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Este enfoque reconoce que la salud humana, animal y ambiental son inseparables y que los grandes desafíos sanitarios solo pueden enfrentarse desde el trabajo interdisciplinario.
La evidencia es contundente: cerca del 75% de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos tienen origen zoonótico, es decir, provienen de animales. El COVID-19 fue una de ellas. El hantavirus es otra. Y no será la última. En un contexto marcado por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente presión sobre los ecosistemas, las zoonosis seguirán representando una amenaza global para la salud pública.
En ese escenario, el rol de la medicina veterinaria resulta fundamental. Los médicos veterinarios no solo trabajamos en salud animal; también participamos en vigilancia epidemiológica, control de zoonosis, inocuidad alimentaria, investigación científica y prevención de enfermedades emergentes. Somos parte esencial de los sistemas de defensa sanitaria de cualquier país.
El Perú cuenta con profesionales altamente capacitados, instituciones académicas sólidas y una biodiversidad que representa tanto una enorme oportunidad como una gran responsabilidad. Sin embargo, aún persisten importantes brechas en articulación, financiamiento y fortalecimiento de sistemas de vigilancia epidemiológica integrados.
Se necesitan laboratorios con financiamiento sostenido, protocolos de respuesta rápida que integren a médicos, veterinarios, biólogos y especialistas ambientales, así como políticas públicas que comprendan que invertir en salud animal y ambiental es también invertir en salud humana. La prevención no puede depender únicamente de las crisis o de la presión mediática; debe formar parte de una visión de Estado.
El hantavirus pasará de los titulares. La próxima amenaza llegará. La diferencia estará en si decidimos construir, desde ahora, una salud pública más preventiva, interdisciplinaria y sostenible, o si continuaremos reaccionando cuando ya sea demasiado tarde.













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