El reciente sábado, en Dinamarca, “miles de personas recorrieron […] el centro de Copenhague al grito de ‘Groenlandia no está en venta’ y en contra de las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, de hacerse con ese territorio autónomo danés” (17/1/26, El Comercio).
Países europeos como Suecia, Alemania, Francia, Noruega, Finlandia, Países Bajos y el Reino Unido no solo han apoyado la posición del Gobierno Danés y de los ciudadanos de Groenlandia, sino que están participando en ejercicios militares convocados por el Gobierno de Dinamarca. En paralelo, el mismo sábado 17, el mandatario de EE.UU. anunció que a partir del 1 de febrero impondrá un arancel de hasta 25% adicional a los países que tomen parte en los mencionados ejercicios. Él y su equipo consideran que la anexión de la isla es fundamental para la seguridad de su país, así como para el control de recursos naturales y del Ártico en general. Esto, sin duda, forma parte de su disputa con China y Rusia por la hegemonía global.
Según una reciente encuesta difundida por CNN (16/1/26), una minoría de estadounidenses afirma que, en su primer año de mandato, Trump ha tenido las prioridades correctas (36%), mientras que la mayoría califica este primer año como un fracaso (58%). ¿Influirá en algo esta comprobación? ¿Frenará, por ejemplo, el objetivo de anexarse Groenlandia? En rigor, poco parece interesar la opinión interna. Por el contrario, la actitud del Gobierno de EE.UU. evidencia su cálculo: las heridas –incluyendo la afectación de la OTAN– que esta acción abriría o profundizaría con Europa serán de menor cuantía frente a sus ganancias.
Mientras tanto, el propósito de Dinamarca y los países europeos que la apoyan sería abrir terreno para una solución negociada, que, frente al poderío militar y económico estadounidense, tendría como punto de inflexión facilitar la presencia de EE.UU., manteniendo la soberanía de la isla.
Giuliano da Empoli ha escrito “La hora de los depredadores” (Seix Barral, 2025), título preciso para los tiempos actuales de políticos para los cuales las leyes internacionales han dejado de existir. Ahora, lo dice bien el ensayista ítalo-suizo, “el apogeo del poder no coincide tanto con la acción como con la acción temeraria, la única capaz de producir el efecto de estupefacción en que se basa el poder del príncipe”. Luego de Venezuela y la captura de Nicolás Maduro, ¿sigue la anexión de Groenlandia? ¿Y después de esa anexión, qué?













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