Patricia Durán Carrasco
En 2024, las hepatitis B y C causaron 1,33 millones de muertes y casi 300 millones de infecciones. Sin embargo, al analizar su evolución desde 2015, se observa que la incidencia de la hepatitis B ha disminuido casi un tercio, gracias al impacto de la vacunación y las medidas de prevención. Por su parte, la hepatitis C también ha reducido su incidencia a medida que un mayor número de personas ha tenido acceso a los antivirales de acción directa. Estas cifras refuerzan los esfuerzos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de los distintos países para erradicar estas enfermedades mediante una serie de estrategias.
En la jornada institucional ‘Hepatitis víricas 2030: cerrar la brecha’, organizada por la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (AEHVE) y celebrada este martes en el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), se ha analizado la evolución de las estrategias para combatir las hepatitis B y C con el objetivo de alcanzar las metas fijadas por la OMS. En la inauguración participaron la Dra. Tereza Kasaeva, directora del Departamento de VIH, Tuberculosis, Hepatitis e ITS de la OMS; el Dr. Javier García-Samaniego, coordinador de la AEHVE; y la Dra. Teresa Casanova, miembro del Comité Científico de la Asociación Europea de Pacientes Hepáticos (ELPA, por sus siglas en inglés).
La mayoría de las personas con hepatitis C en el mundo sigue sin conocer su diagnóstico, lo que continúa siendo uno de los principales obstáculos para su eliminación
Los ponentes coincidieron en que, aunque muchos países están logrando avances en la reducción de la incidencia de las hepatitis B y C, el progreso sigue siendo demasiado lento. Este ritmo se debe a diversos obstáculos, entre ellos el estigma que sufren los pacientes, que dificulta que busquen información y accedan a un diagnóstico precoz y a un tratamiento adecuado. A ello se suma que, en muchos casos, las políticas sanitarias y las estrategias específicas frente a las hepatitis resultan insuficientes o no reciben la atención necesaria.
Como consecuencia, todavía hay personas sin diagnosticar ni tratar. En este contexto, los expertos destacaron la importancia de la labor que desempeñan hospitales, centros sanitarios y organizaciones de pacientes, así como la necesidad de acelerar y ampliar tanto el diagnóstico como el tratamiento. Asimismo, recordaron que la eliminación de las hepatitis no será posible sin impulsar y extender los programas de cribado.
España, un ejemplo para la eliminación de la hepatitis
En la mesa de debate ‘Diez años de la estrategia de la OMS: qué hemos aprendido y qué requiere ahora la eliminación de las hepatitis víricas’, moderada por la Dra. Julia del Amo, directora de la División de Control del VIH, Hepatitis Víricas y Tuberculosis del Ministerio de Sanidad, se analizaron los avances alcanzados durante la última década, las lecciones aprendidas y las intervenciones que aún son necesarias para cumplir los objetivos de eliminación.
España figura entre los doce países que alcanzarán los objetivos de la OMS para eliminar las hepatitis víricas antes de 2030
En esta mesa participaron Omid Vahdatin, director del Observatorio Polaris; la Dra. Erika Duffell, experta en hepatitis del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC); y Ashmit Yondia, responsable de la vigilancia de las hepatitis víricas, el VIH y las infecciones de transmisión sexual en el Centro Nacional de Epidemiología.
A nivel mundial, todavía hay 46 millones de personas afectadas por la hepatitis C, una enfermedad que presenta una tasa de mortalidad aproximada del 1% cada dos años. Pakistán e India concentran el mayor número de infecciones por hepatitis C. Además, solo alrededor del 20% de las personas infectadas han sido diagnosticadas, por lo que la mayoría desconoce que padece la enfermedad. Según las previsiones, únicamente 12 países alcanzarán las metas fijadas por la OMS antes de 2030. Entre ellos figura España, que destaca por los avances logrados tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de las personas afectadas.
España, junto con Australia, Nueva Zelanda y Francia, figura entre los países pioneros en la eliminación de la hepatitis C, según la clasificación de los programas de eliminación elaborada por la Fundación Polaris. Estos países cuentan con programas activos de cribado, estrategias dinámicas y tratamientos simplificados, y han conseguido diagnosticar más del 90% de las infecciones. En el caso de España, además, se ha desarrollado un programa muy eficaz de vinculación a la atención sanitaria, lo que ha reducido considerablemente el número de pacientes diagnosticados que no reciben tratamiento en comparación con otros países. Asimismo, España vuelve a destacar porque la gran mayoría de las personas diagnosticadas ha recibido tratamiento.
El principal reto ya no es disponer de tratamientos eficaces, sino encontrar y diagnosticar a las personas que aún desconocen que están infectadas
Los ponentes subrayaron la necesidad de reforzar las medidas de prevención, especialmente entre las poblaciones con mayor riesgo de infección. Entre las actuaciones prioritarias señalaron garantizar la seguridad de las prácticas sanitarias, ampliar los programas de reducción de daños dirigidos a las personas que se inyectan drogas y mejorar el control de infecciones en los centros sanitarios. Además, destacaron la importancia de integrar la atención a las hepatitis con otros servicios sanitarios, como los programas de VIH, la atención primaria, la salud comunitaria y los recursos dirigidos a personas usuarias de drogas. Esta integración permite aprovechar las infraestructuras existentes y facilita el acceso de los pacientes al sistema sanitario.
Otro problema común identificado en la mayoría de los países es la pérdida de seguimiento de los pacientes. Un estudio realizado en Estados Unidos mostró que entre el 65 % y el 77 % de las personas diagnosticadas de hepatitis C no habían iniciado el tratamiento un año después del diagnóstico. Para hacer frente a esta situación, España ha desarrollado un programa muy activo de revinculación de pacientes con la atención sanitaria. A partir de esta experiencia, Estados Unidos ha puesto en marcha una iniciativa similar para mejorar la adherencia al tratamiento.






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