Ayer, en esta página editorial, hacíamos alusión a las expectativas empresariales que el BCR presentó la semana pasada. Estas, decíamos, se hallaban en niveles de optimismo que no se veían desde antes de la pandemia.
Ayer, en esta página editorial, hacíamos alusión a las expectativas empresariales que el BCR presentó la semana pasada. Estas, decíamos, se hallaban en niveles de optimismo que no se veían desde antes de la pandemia.
Pero la sensación de confianza por lo que viene es más generalizada que eso. No son solo los inversionistas. Este Diario publicó ayer también la encuesta de Datum Internacional en la que el 62% de los entrevistados respondió que se siente optimista sobre el futuro del país. Mucho de esto, presumiblemente, guarda relación con los buenos números de aprobación ciudadana con los que la presidenta Keiko Fujimori estrena su mandato. El 60% de la población aprueba la labor que viene desarrollando, y cerca de dos de cada tres peruanos opinan que su gestión impulsará la inversión privada, generará más empleo en el país y mejorará la economía. Este respaldo es especialmente positivo para una política que mantenía hasta poco antes de las elecciones generales de este año el mayor antivoto o rechazo entre las decenas de aspirantes a la presidencia.
En términos relativos, la aprobación de la mandataria es similar a la que registraron al inicio de su período Alan García (en su segundo gobierno), Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski. La notable excepción entre los presidentes elegidos por voto popular fue Pedro Castillo, quien tuvo de entrada más rechazo que apoyo ciudadano. Sin duda, la lamentable conformación de su primer Gabinete –con el excongresista Guido Bellido como presidente del Consejo de Ministros– influyó en la desazón de la población.
El país arranca pues este período con una mirada optimista que contrasta notablemente con el ambiente que se respiraba cinco años atrás. Pero la aprobación presidencial por sí misma vale poco. El reto de la presidenta Fujimori y de su equipo será utilizar al capital político que tienen para impulsar con eficacia las reformas complicadas que han prometido. En algunos temas, como el combate a la inseguridad y la mitigación del efecto del fenómeno de El Niño, el gobierno puede esperar tener a la población de su lado. No obstante, en asuntos gruesos como las reformas del sistema laboral, el tributario, el fiscal, la salud y la educación, el Ejecutivo enfrentará fuerte resistencia política de grupos interesados. La presidenta Fujimori entra con casi todos los vientos a favor. Depende de ella y su Gabinete saber ahora utilizarlos.












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