Hay momentos en la vida de un país en los que el problema ya no es entender lo que ocurre, sino decidir qué hacemos con lo que ya sabemos. El Perú parece haber llegado a ese punto. Durante años, muchos empresarios observaron el deterioro institucional como una preocupación externa: algo propio de la política, del Estado o del Congreso. Hoy, sin embargo, ese deterioro ya empezó a sentirse en la operación diaria de las empresas, en la postergación de inversiones, en la inseguridad y en la pérdida de horizonte.
El sector empresarial no puede responder a este momento con silencio prudente ni con distancia cómoda. No se trata de politizarse ni de apoyar partidos o candidatos. Se trata de asumir un rol institucional: defender reglas claras, contratos, seguridad jurídica, independencia de las instituciones y cumplimiento de la ley. La neutralidad, cuando las reglas se debilitan, deja de ser inocua. Si quienes tienen capacidad de influir se retiran, ese espacio público no queda vacío: lo ocupan intereses de corto plazo, economías ilegales o actores dispuestos a capturar las reglas del juego.
James Robinson ha explicado que los países prosperan cuando construyen instituciones inclusivas: aquellas que permiten participar, invertir, competir y crecer bajo reglas previsibles. Esa no es una discusión académica lejana; es una agenda urgente para el Perú. No habrá inversión sostenible sin confianza, ni confianza sin instituciones que funcionen.
Por eso, el llamado a los empresarios es concreto. Hay que fortalecer gremios con agendas técnicas, financiar evidencia y periodismo serio, participar en soluciones territoriales, elevar la calidad del debate público y exigir reglas sin caer en la polarización. Pero también hay que mirar hacia adentro: no se pueden pedir instituciones inclusivas afuera mientras se toleran malas prácticas adentro.
El liderazgo empresarial de este tiempo ya no es solo técnico. Es cívico. No es opcional. Es colectivo. La pregunta ya no es qué debería hacer el país. La pregunta es qué estamos dispuestos a hacer nosotros para que el Perú no se nos vaya de las manos.
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