El reto de ejecutar infraestructura en el Perú, por Jorge Ruiz

Tras más de cinco décadas de paralización, la torre Trecca finalmente será rehabilitada. La reciente firma de una adenda al contrato entre Essalud y el concesionario encargado permitirá reactivar este edificio de 23 pisos en Lima, que será convertido en un centro de atención ambulatoria para miles de asegurados.

Más allá del proyecto, su historia vuelve a plantear una pregunta incómoda: ¿por qué en el Perú, incluso cuando existen recursos y proyectos identificados, la infraestructura de salud tarda décadas en concretarse?

El caso Trecca es ilustrativo. Durante años, el edificio se mantuvo como un símbolo de oportunidades perdidas, decisiones postergadas y recursos desaprovechados. Su reactivación es una buena noticia, pero también una oportunidad para reflexionar sobre las debilidades estructurales del sistema de salud peruano.

Una de las principales es la fragilidad de su gobernanza. En instituciones como Essalud, la inestabilidad en la dirección es constante. En menos de una década, la institución ha tenido cerca de 10 presidentes ejecutivos y más de una docena de gerentes generales. Con ese nivel de rotación, resulta imposible consolidar políticas públicas. Cada cambio implica nuevas prioridades y, muchas veces, la paralización o reformulación de proyectos en marcha.

No existe organización que pueda gestionar inversiones complejas bajo esas condiciones. Las consecuencias se reflejan en la experiencia diaria de los pacientes: largas listas de espera para consultas, exámenes o cirugías, así como obras hospitalarias inconclusas o encarecidas.

A esto se suma la fragmentación histórica del sistema de salud peruano, dividido entre el Ministerio de Salud, Essalud, las sanidades de las Fuerzas Armadas y la Policía, y el sector privado. Cada uno opera con sus propios recursos, redes y lógica de gestión, lo que impide aprovechar eficientemente la infraestructura, el personal médico y la capacidad instalada del país.

La solución no necesariamente pasa por una unificación total, sino por avanzar hacia un mayor intercambio prestacional. La Ley Marco de Aseguramiento Universal en Salud ya planteaba esta posibilidad: separar claramente las funciones de aseguramiento y prestación, y promover la colaboración entre instituciones públicas y privadas. Sin embargo, su implementación sigue pendiente.

El desafío central es lograr que las inversiones en salud se traduzcan en servicios oportunos, seguros y de calidad. Esto requiere mejorar la planificación de proyectos, garantizar la continuidad de las políticas públicas y fortalecer las capacidades de gestión del Estado. No basta con anunciar nuevos hospitales o aumentar presupuestos si no existen condiciones para gestionar eficientemente esos recursos.

En ese contexto, el debate impulsado por IPAE Acción Empresarial a través de CADE Salud 2026 resulta relevante. El país necesita priorizar la calidad de la gestión pública en salud: fortalecer la rectoría del sistema, profesionalizar la conducción de instituciones como el Minsa y Essalud, asegurar la estabilidad de sus autoridades y priorizar la atención primaria.

Una medida clave sería avanzar hacia un modelo de gobernanza meritocrático, con funcionarios seleccionados mediante procesos transparentes y con períodos de gestión estables. Solo así se podrá garantizar la continuidad de las reformas y generar confianza tanto en los ciudadanos como en los profesionales de la salud.

La reactivación de la torre Trecca también abre el debate sobre el rol del sector privado. Las asociaciones público-privadas han demostrado su capacidad para acelerar inversiones y mejorar la gestión de infraestructura. En salud, donde las necesidades son urgentes y los recursos limitados, estos esquemas pueden ser parte de la solución, siempre que existan reglas claras y adecuada supervisión.

El reto para el próximo gobierno será pasar del anuncio a la gestión. La calidad de un sistema de salud no se mide por el tamaño de sus proyectos, sino por la rapidez y seguridad con la que atiende a sus ciudadanos. La salud de los peruanos no puede seguir dependiendo de los ciclos políticos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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