El Perú brilla en Venecia, por Patricia Stuart

Tuve el honor de participar, el pasado 9 de mayo, en la inauguración del Pabellón Peruano en la 61.ª Exposición Internacional de Arte de La Biennale di Venezia. La muestra, abierta hasta el 22 de noviembre, forma parte de una de las plataformas culturales más relevantes del mundo desde 1895. Para el Perú, estar allí no es solo una presencia simbólica: es una oportunidad para dialogar con el mundo desde lo que somos y desde aquello que debemos mirar con mayor atención.

Esta participación en la sección de arte marca un hito. Sin embargo, la Universidad de Lima mantiene un vínculo estrecho con la Bienal de Venecia, particularmente con sus muestras de arquitectura. En el 2012, durante la primera participación peruana en ese ámbito, nuestro actual decano, Enrique Bonilla Di Tolla, fue curador de “Yucún o habitar en el desierto”. En el 2014, el Perú inauguró su propio pabellón y, desde el 2016, nuestra Facultad de Arquitectura participa con delegaciones oficiales en el programa Biennale Sessions.

Se trata de una presencia sostenida que, entre el 2016 y el 2025, ha involucrado a 134 miembros de nuestra comunidad universitaria, con propuestas orientadas a la interacción urbana, los derechos territoriales indígenas y el valor del conocimiento colectivo ancestral. A ello se suma que, durante esta década, la Universidad de Lima ha sido sede de las deliberaciones de los jurados que seleccionan a los curadores del pabellón peruano para las muestras de arquitectura. Es una tarea que asumimos con responsabilidad: la internacionalización también se construye desde la cultura, la investigación y el pensamiento crítico.

A través de Biennale Sessions, la Bienal constituye una verdadera escuela global: un espacio de encuentro entre el mundo académico y profesional. Nuestros estudiantes, docentes y autoridades no solo observan un evento de gran magnitud; participan en talleres, contrastan enfoques globales con el contexto peruano y construyen posturas críticas frente a sus temas centrales. Es una experiencia académica inmersiva en la que la producción de conocimiento ocurre en un entorno internacional exigente.

En esta edición, el Perú se hace presente con “De otros mundos”, exposición de Sara Flores. Su obra nos recuerda que el arte no solo representa: también resguarda memoria, transmite conocimiento y proyecta futuro. Sara Flores, representante del pueblo shipibo-konibo amazónico, sitúa en el centro de la conversación una tradición visual y simbólica de enorme densidad cultural. Su kené no es únicamente forma y belleza: es memoria viva, lenguaje ancestral y una manera de comprender la relación entre comunidad, naturaleza y espíritu; también es un lenguaje vivo, una forma de pensar el mundo y de relacionarnos con el territorio.

Fundadora de la primera cooperativa de mujeres artistas de su comunidad y cofundadora de Bakish Mai Multiversity, dedicada a la transmisión intergeneracional de conocimientos indígenas, Sara Flores encarna una afirmación de identidad, conocimiento y creación. Sus trabajos se han exhibido en espacios como el Museo de Arte de Lima, White Cube Bermondsey, White Cube París y la galería Clearing de Nueva York. Su presencia en Venecia consolida una trayectoria fecunda y reivindica la vigencia de nuestras culturas ancestrales.

La Bienal de Venecia deja huella. Puedo dar fe de ello. Y más aún cuando, desde la Universidad de Lima, podemos contribuir al posicionamiento internacional del Perú y tender puentes entre el sector privado, el Estado y la academia. La participación peruana trasciende lo artístico y lo arquitectónico: nos invita a reconocernos en nuestra diversidad y a comprender que allí reside una de las mayores fortalezas del Perú. Desde Venecia, el futuro puede mirarse con renovada esperanza.

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