El nuevo orden mundial de la publicidad | OPINION

La industria publicitaria atraviesa uno de los momentos de transformación más profundos de su historia. No es una crisis coyuntural: es quizás el cambio más dramático de las últimas tres décadas. Se reconfiguró de manera acelerada el ecosistema completo donde convivían – casi sin cuestionamientos– grandes redes globales, anunciantes predecibles y consumidores relativamente estables.

Desde hace ya mucho tiempo, el usuario consume contenido cuando quiere, donde quiere y como quiere. Salta de una plataforma a otra, esquiva la publicidad tradicional, interactúa, comenta, crea y destruye marcas en tiempo real. Y ese cambio puso presión directa sobre el modelo tradicional de las agencias.

Luego llegó la pandemia. Y con ella, una exigencia brutal de eficiencia, resultados inmediatos y reducción de costos. Los anunciantes empezaron a cuestionarlo todo: estructuras, fees, tiempos, procesos. Querían agilidad, flexibilidad y soluciones integradas.

En ese contexto, la irrupción acelerada de la inteligencia artificial fue el catalizador final. La IA llegó para automatizar, optimizar, producir más rápido y más barato. Y eso impactó de lleno en el corazón operativo de las grandes redes.

No es casualidad que gigantes como WPP hayan eliminado marcas históricas como J. Walter Thompson o Young & Rubicam, ni que Omnicom, tras adquirir Interpublic, haya decidido eliminar aquellas redes tan emblemáticas como DDB, FCB o Lowe. No se trata de borrar la historia. Se trata de adaptarse a un mundo donde los clientes ya no compran “redes”, sino capacidades concretas: estrategia, data, creatividad relevante, velocidad y eficiencia.

Como señaló Mark Read, CEO de WPP: “Nuestros clientes no nos piden estructuras, nos piden soluciones”. Y esas soluciones muchas veces no vienen de organizaciones pesadas, sino de equipos más pequeños, especializados y ágiles.

Ahí aparece otro fenómeno clave: el crecimiento de agencias y redes regionales independientes: más cercanas a la cultura local, más rápidas para decidir, más flexibles para experimentar. Para muchos anunciantes, estas agencias ofrecen algo que se había diluido: atención directa y real con experiencia acumulada, pensamiento estratégico aplicado al negocio y creatividad “con hambre”.

Eso no significa que las grandes redes estén condenadas. Pero sí están obligadas a redefinir su nueva propuesta de valor. Su oportunidad está en liderar la integración entre data, tecnología, creatividad e impacto a escala. Y la de las independientes, en demostrar que la cercanía cultural y la claridad estratégica siguen siendo diferenciales poderosas.

La IA, por su parte, no reemplaza a las agencias. Reemplaza tareas. Acelera procesos. Libera tiempo. Como bien resume Sir John Hegarty: “La tecnología no mata la creatividad; mata la creatividad mediocre”.

Al final del día, en este nuevo orden mundial de la publicidad, las herramientas cambian, los modelos se ajustan y las estructuras se reinventan. Pero hay algo que permanece intacto: las marcas crecen cuando logran emocionar, conectar y ser relevantes en la vida de las personas.

Porque más allá de la eficiencia y la velocidad, siguen siendo las ideas – y las emociones que generan– las que mueven el negocio. Sea dentro de un gran holding global, o una red independiente.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *