El Niño: La urgencia de construir una economía azul resiliente, por Jimpson Dávila

El cambio climático y la acidificación del océano están aumentando la frecuencia e intensidad del fenómeno de El Niño. En las últimas dos décadas, el Perú ha registrado tres episodios fuertes. La NOAA estima un 80% de probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte a fines de año, mientras que la revista Nature advierte que podría ser el más intenso de los últimos 150 años.

De cumplirse estas proyecciones, los investigadores estiman pérdidas económicas globales de hasta 10 billones de dólares hacia 2032. En el Perú, el crecimiento del PBI podría reducirse entre 1 y 1,5 puntos porcentuales, con pérdidas estimadas entre 16 mil y 18 mil millones de soles.

Frente a este escenario, es urgente proteger uno de nuestros principales activos: el mar y las actividades que dependen de él. Por ello, el Plan de Contingencia frente a El Niño debería incorporar un enfoque de economía azul para fortalecer la prevención y la respuesta en pesca, acuicultura, turismo y conservación marina. Según el Cenepred, más de 9,3 millones de personas se verían afectadas, principalmente en regiones costeras cuya economía depende estrechamente del mar.

En la pesca, se requiere un enfoque adaptativo con reglas flexibles para diversificar las capturas según la disponibilidad de los recursos. El Niño modifica la distribución de las especies, generando oportunidades para aprovechar recursos como el picudo, el barrilete y el perico mediante una gestión pesquera adaptativa.

Asimismo, resulta indispensable diversificar las economías locales mediante el turismo comunitario, la gastronomía y programas de reconversión laboral que generen ingresos alternativos. Estas medidas, junto con créditos, fondos de contingencia, seguros y el fortalecimiento de la infraestructura, contribuirían a reducir la vulnerabilidad.

La conservación de la biodiversidad marina también debe ocupar un lugar central. A fines de 2022, el Perú albergaba 3,5 millones de aves guaneras; hoy quedarían unas 500 mil. El calentamiento del mar, la menor disponibilidad de anchoveta y la gripe aviar han impedido la recuperación de estas y otras especies.

Estas pérdidas también tienen consecuencias económicas concretas. La reducción de aves afectaría, en el futuro, la producción de guano de islas, fertilizante del que dependen miles de pequeños agricultores. Además, la disminución de aves y lobos marinos reduciría las oportunidades de avistamiento y la competitividad de destinos turísticos como Paracas y la Reserva Nacional Sistema de Islas, Islotes y Puntas Guaneras.

Proteger la biodiversidad marina, por tanto, no es únicamente un objetivo ambiental, sino una inversión estratégica. Se requieren planes de recuperación de especies, monitoreo científico permanente, centros de rescate y medidas que reduzcan las presiones sobre sus hábitats.

El Niño seguirá formando parte de nuestra realidad. Las decisiones que adoptemos hoy determinarán nuestra capacidad para adaptarnos y garantizar que el océano continúe siendo fuente de prosperidad.

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