El domingo 17 conoceremos oficialmente los resultados de la primera vuelta electoral. Hasta el cierre de esta columna, el candidato de Juntos por el Perú tiene todas las posibilidades de disputar la segunda vuelta con la candidata de Fuerza Popular. En la práctica, serán tres semanas de campaña.
Los reclamos y el daño irreparable del imperdonable retraso en la distribución del material electoral por parte de la ONPE hacen que estas elecciones tengan una mancha indeleble. Y no solo eso, sino que el candidato que se quede por poquísimo margen fuera de la contienda final estará convencido de que, sin el desastre electoral del 12 de abril, probablemente lograba disputar la presidencia el 7 de junio.
Algunos de los posibles aliados de uno y otro lado prefieren guardar una prudente distancia hasta la proclamación; otros más apurados ya manifestaron solemnemente su apoyo a Roberto Sánchez y no dudaron en ponerse el sombrero.
Primero la Gente, que tuvo como candidata a Marisol Pérez Tello, escribió un manifiesto de apoyo a Sánchez. “Ofrecemos un acuerdo político a Juntos por el Perú, que, más allá de las legítimas diferencias que nos separan, tiene hoy la posibilidad de unir a las fuerzas democráticas en torno a una agenda de gobierno que nos permita dejar atrás el legado del pacto mafioso”.
Unir a las “fuerzas democráticas”, dice Primero la Gente en su apoyo al candidato Sánchez, que reivindica a Pedro Castillo, quien el 7 de diciembre del 2022 dio un golpe de Estado a vista y paciencia de todos los peruanos. Fueron más bien las “fuerzas democráticas” y las instituciones del Estado de derecho las que salvaron al Perú de los delirios dictatoriales de Castillo.
“Proponemos un pacto por el Perú que representa para Primero la Gente otorgar un apoyo crítico a JP, previo compromiso con la derogatoria de las leyes procrimen; el fortalecimiento de la democracia, separación de poderes y estabilidad fiscal; el crecimiento económico con desarrollo inclusivo y sostenible; la defensa irrestricta de los derechos humanos y la lucha contra la corrupción”.
Defensa irrestricta de los derechos humanos, dicen, y no dudan en apoyar al aliado de Antauro Humala. ¿O es que prefieren ignorar las banderas que enarbola Humala? ¿O la vida de los policías asesinados por las huestes etnocaceristas no valen lo mismo para estos supuestos demócratas?
“Lucha contra la corrupción”, dicen, y ni una mención a la militante de Juntos por el Perú Jhuliana Carbonel, detenida por presuntamente ser parte de Los Pulpos de La Victoria, una banda de extorsionadores. Ella, acusada de cobrar los cupos a comerciantes, pretendió ser diputada por JP. Sánchez defiende su militancia y ha dicho que no se puede afirmar que “hay que expulsarla”. Y ni hablar de la denuncia por falsa declaración ante la ONPE.
Más allá de la retórica de Primero la Gente, será importantísimo que le aclaren a sus votantes (3%) si su apoyo crítico incluye estar de acuerdo en que “el Perú será una república democrática popular, pluricultural, multiétnica y ecológica. Para este propósito construiremos un estado de socialismo andino-amazónico”, párrafo incluido en el plan de gobierno de JP. Aquí está en juego el presente y futuro del país.












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