Uno de los problemas estructurales del desarrollo territorial en el Perú es la fuerte concentración de población, recursos y decisiones en una sola ciudad. En urbanismo, este fenómeno se conoce como macrocefalia urbana: un territorio con una ‘cabeza’ muy grande y regiones con menor desarrollo relativo.
El caso peruano refleja claramente este desequilibrio. Lima Metropolitana concentra 10,29 millones de habitantes, equivalentes al 30,2% de la población nacional. Además, la capital genera alrededor del 45% del producto bruto interno del país, lo que evidencia su enorme peso económico dentro del territorio nacional. En otras palabras, una sola área urbana concentra una proporción significativa de la actividad económica y demográfica del Perú.
Las raíces de esta centralización son históricas e institucionales. Frente a este problema, el policentrismo plantea fortalecer una red de ciudades intermedias con funciones económicas complementarias. Ciudades como Arequipa, Trujillo, Piura, Cusco, Iquitos o Pucallpa podrían consolidarse como polos regionales.
Avanzar hacia este modelo implicaría mejorar la conectividad entre regiones, fortalecer universidades y centros de innovación fuera de la capital y descentralizar progresivamente algunas funciones del Estado. En países como Alemania y España, varias ciudades comparten el dinamismo económico nacional, reduciendo la concentración en una sola metrópoli (OECD, 2020).
Impulsar un sistema urbano policéntrico permitiría distribuir mejor las oportunidades, reducir la presión sobre Lima y avanzar hacia un desarrollo nacional más equilibrado.
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