El apoliticismo, definido como el desinterés por la política, es uno de los males que aquejan la vida democrática en el Perú. Esto se refleja en que el 72% de la población no se interesa en la política, según una encuesta de Datum publicada en el 2023.
Incluso la confianza en las principales instituciones del Estado apenas alcanza el 30% y en algunas no llega al 10%, reporta un informe del INEI del 2025. Esto deriva en una alta fragmentación política y, en consecuencia, una baja representatividad percibida por los ciudadanos.
A la luz de los resultados en la primera y segunda vuelta del 2026, queda demostrado que el apoliticismo ha crecido en la población, causado por la degradada clase política. Además, la polarización del debate político ha generado apatía en la mayoría del electorado.
Al momento de elegir, muchos optan por el “mal menor” o, incluso, deciden al candidato en la misma cola. Como resultado, tenemos la atomización de la representación política, que profundiza el desinterés y genera un círculo vicioso en contra de la democracia.
En síntesis, la indiferencia hacia la política afecta el desarrollo de la democracia peruana y la prueba es que la categoría “por ninguno” refleja un tercio de los votos en el ámbito nacional.
Frente a ello, urge promover una mayor participación política, sin necesidad de militar en un partido, y más bien basada en información, análisis crítico y un seguimiento permanente a las decisiones de las autoridades.













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