Hubo un tiempo en que la vivienda de interés social en el Perú se concebía como un pilar del desarrollo urbano del país. Durante los gobiernos de Fernando Belaunde Terry, el Estado promovió diversos proyectos urbanísticos y residenciales dirigidos a los sectores socioeconómicos C y D, incorporando criterios de planificación urbana y desarrollo del espacio público.
Hubo un tiempo en que la vivienda de interés social en el Perú se concebía como un pilar del desarrollo urbano del país. Durante los gobiernos de Fernando Belaunde Terry, el Estado promovió diversos proyectos urbanísticos y residenciales dirigidos a los sectores socioeconómicos C y D, incorporando criterios de planificación urbana y desarrollo del espacio público.
Hoy la discusión parece haberse reducido a cifras, bonos y metros cuadrados mínimos. Se priorizan las mega infraestructuras porque encajan en la narrativa de “modernidad”. En contraste, la vivienda de interés social ha quedado relegada a soluciones estandarizadas que rara vez consideran el diseño del espacio colectivo y el impacto en el entorno. Sin embargo, es allí donde se define el verdadero desarrollo: en asegurar que la vivienda se incorpore a una estructura urbana integrada y conectada con la ciudad.
La vivienda constituye el primer entorno donde se adquieren hábitos de convivencia, se consolidan vínculos familiares y se configura la relación con el entorno social. ¿Qué tipo de sociedad estamos moldeando cuando aceptamos estándares mínimos como suficientes? Cuando el Estado descuida la calidad del habitar, compromete el tejido social y limita las oportunidades de desarrollo. Si la arquitectura renuncia a pensar el entorno, pierde su dimensión social. Y si el Estado entiende la vivienda solo como gasto y no como inversión urbana, seguiremos produciendo casas, pero no ciudad. Tal vez el desafío no sea construir más, sino volver a construir con sentido.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
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