Donald Trump en su trampa, por Carlos Basombrío Iglesias | OPINION

A Trump ya le había ido pésimo en noviembre pasado en las elecciones y consultas populares en algunos importantes estados. Mucho más impactante, hace unos días en Texas –el más republicano de todos los estados de la Unión– hubo en el distrito 9 elecciones especiales para el Senado local. Si en las presidenciales le ganó allí por 17 puntos porcentuales a Kamala Harris, ahora el candidato demócrata derrotó a su rival por 14, perdiendo en poco más de un año el 31% de sus votantes. Fácil suponer cuál será el estado de ánimo en noviembre próximo de los electores de los llamados ‘swing states’, los que oscilan entre uno u otro partido. Es casi seguro que los republicanos perderán la Cámara de Representantes, dado lo precaria de su mayoría actual –218 vs. 214–, y quizás hasta el Senado.

Según Reuters, solo el 39% de los estadounidenses aprueba las políticas migratorias –o sea, los MAGA– como consecuencia del salvajismo de los brutales ICE, que en Minneapolis han asesinado a dos ciudadanos norteamericanos de nacimiento e indubitablemente blancos que los filmaban para proteger a los abusados –legales o ilegales– culpables del ‘delito’ de haber nacido del ‘color inadecuado’.

Las gigantescas protestas allí y en muchísimas otras ciudades han obligado a Trump a un retroceso. Eso sí, solo táctico; no por nada el presupuesto del ICE es mayor a la suma de los del FBI y la CIA.

A escala global, hay un antes y después del brillante discurso del primer ministro canadiense en Davos, que concluye diciendo que con Trump no se puede negociar en serio y solo cabe detenerlo.

La relación con sus aliados europeos es precaria, incluso con Gran Bretaña, el aliado histórico. Es bastante revelador que quien quiere tener su propia ONU, a través de la Junta de Paz presidida por él para gobernar Gaza –eso sí, sin los gazatíes–, no pudo convocar a ningún país democrático –con la vergonzosa excepción de Milei– y solo se sumaron a la iniciativa dictadores de la peor especie. De hecho, la Unión Europea y Gran Bretaña toman distancia de sus políticas, pese a que el susodicho ya no quiere invadir Groenlandia, sino solo comprar a sus habitantes.

En Sudamérica ya se siente el impacto de la doctrina Donroe.

Empecemos por Venezuela, donde ya Trump se ha autodenominado presidente en funciones, pero manteniendo al núcleo central de la dictadura chavista, corrupta, asesina y narcotraficante. La lideresa del sueño democrático, María Corina Machado, se dejó usar y poco a poco se difuminará en el horizonte. Es que tratando con matones, si agachas la cabeza te la cortan.

Más al sur y para halagar a Trump, el presidente Noboa de Ecuador acusó a Colombia de no hacer lo suficiente para controlar a grupos narcotraficantes que cruzan las zonas limítrofes. Petro –que por ahora le cae bien a Trump– le respondió con más aranceles y el otro se los subió más.

A Trump le va muy mal, pero quizás por ello le puede ir peor al mundo, del que pretende ser mandatario de facto. Eminencias de la psicología de su país y otras partes del mundo señalan que el personaje sufre de narcisismo maligno que, entre otros síntomas, se expresa “en una sensación de grandiosidad, una necesidad constante de admiración y una marcada falta de empatía”. Ello empeora con la edad, sobre todo si le suman muy visibles y severos signos de deterioro cognitivo.

Se suma así al calentamiento global –que pone en riesgo la sobrevivencia de los humanos– el que haya varios otros gobernantes seniles y con el mismo perfil, con acceso al botón nuclear.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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