
La creatividad suele asociarse con ideas disruptivas, tecnología o grandes cambios, pero empieza de una manera más simple al apelar a nuestra curiosidad, mirar una situación desde otro ángulo y atrevernos a hacer las cosas de un modo distinto.
La creatividad suele asociarse con ideas disruptivas, tecnología o grandes cambios, pero empieza de una manera más simple al apelar a nuestra curiosidad, mirar una situación desde otro ángulo y atrevernos a hacer las cosas de un modo distinto.
En un contexto marcado por desafíos sociales, económicos y de distinta índole, esta capacidad es clave para el desarrollo. El crecimiento de un país no depende únicamente de recursos o infraestructura, sino de encontrar nuevas soluciones y generar oportunidades. El Global Innovation Index 2025 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual sitúa al Perú en el octavo puesto de Latinoamérica y el Caribe, lo que refleja que la innovación está en la agenda nacional, aunque existen aún muchos retos.
Para avanzar, la academia cumple un rol clave. Como universidad, somos testigos del poder transformador de la creatividad a través de iniciativas como el Premio Creatividad Empresarial, que en sus 30 años ha reunido a más de 8.000 iniciativas y 4.000 empresas e instituciones que identificaron necesidades reales y desarrollaron soluciones para transformar procesos, mejorar servicios y generar impacto positivo en las personas.
Esto demuestra que la innovación tiene múltiples protagonistas y surge en diversos espacios, desde grandes empresas hasta emprendedores, organizaciones e instituciones públicas, así como en la UPC, donde el pensamiento innovador constituye una competencia clave. Además, las prioridades han evolucionado hacia un propósito donde la sostenibilidad y el bienestar social guían hoy las soluciones que generan un impacto real en nuestra sociedad.
La creatividad e innovación son capacidades estratégicas para el desarrollo. El talento está aquí y el reto es construir una cultura colaborativa y sostenible. Según el Concytec, el Perú invierte menos del 0,2% de su PBI en investigación y desarrollo, una cifra por debajo del promedio regional que limita el potencial de nuestras ideas.
En la conexión entre empresa, academia, sector público y sociedad civil crecen las posibilidades de generar impacto. El país necesita líderes e instituciones capaces de imaginar y materializar nuevas posibilidades. Ese es el valor esencial de la creatividad: recordarnos que siempre hay una manera distinta o mejor de hacer las cosas.












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