Contundencia quirúrgica, por José Carlos Requena | Elecciones 2026 | Segunda vuelta electoral

A escasos 10 días de los comicios, los equipos de campaña de ambos candidatos han entrado a la recta final. Curiosamente, el disparador político de la actual contienda, sosa y gris hasta entonces, ha sido el reciente debate técnico.

¿Pero de dónde parten los candidatos? Para empezar, los indicadores que comentamos la semana pasada pueden haberse movido, sea para acortar o ampliar la ligera ventaja que Keiko Fujimori mostraba sobre Roberto Sánchez. Si bien circulan cifras de dudosa credibilidad, lo único cierto es que entre este viernes 29 y el domingo 31 tendremos las últimas encuestas de circulación pública.

Como resulta evidente, estas son solo referenciales. Sabemos que los números se moverán hasta el último minuto. Es más, si consideramos los dos balotajes más recientes, en ambos casos las definiciones ocurrieron en las últimas 48 horas. ¿Se repetirá la historia en esta elección?

En cualquier caso, y muy a pesar del cliché, la carrera termina en la meta. En tal sentido, lo que hagan ambos candidatos en los últimos días será fundamental para la definición de la victoria. Contarán para esto no solo los traspiés cometidos o los ataques recibidos, sino la gestión de sus efectos.

Fuerza Popular parte de una ventaja: tiene más recorrido. Se trata de su quinta campaña –cuarta de su candidata presidencial–. Quizás por ello predique corrección en la esfera económica, aunque sabemos que ha sido parte del forado fiscal irradiado, irresponsablemente, desde el Legislativo.

Sobra decir que la activación de miedos en torno a su comportamiento democrático, tanto en el pasado como en tiempos recientes, es su principal enemigo. Se trata de pasivos que, en muchos sectores, obligarán a la candidata a remar a contracorriente.

De esto tampoco escapa Juntos por el Perú y su candidato. Si bien Sánchez ha conseguido colarse en la segunda vuelta pese a integrar un Parlamento muy desprestigiado, lo ha hecho a partir de su identificación con el gobierno de Pedro Castillo, probablemente uno de los peores de la vida republicana.

Su ventaja: articular algo cercano a la esperanza en un grupo considerable de electores hastiados del actual ‘mainstream’ político. Ello puede explicar el esfuerzo de su equipo técnico por proyectar moderación a partir de ideas desfasadas y de un uso mañoso de las cifras. Sin embargo, su cercanía a ciertos voceros oficiosos, un tanto más extremistas, ha de empujarlo a equilibrar en una sola oferta moderación y radicalismo.

Como sea, se trata de una campaña que debió contar con ocho semanas, pero que terminará teniendo solo tres. Tal brevedad obligará a ambos candidatos a una contundencia quirúrgica, es decir, a la habilidad para golpear al contrincante sin despertar atávicos temores en el electorado. ¿Quién mostrará mayor concentración y disciplina para lograrlo?

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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