Colocar a César Tito Rojas en la Comisión de Ética era un desafío a la institucionalidad.

La bancada de Juntos por el Perú se vio obligada a retroceder. Luego de enfrentar una lluvia de críticas por haber designado al diputado César Tito Rojas, exdirigente del Movadef y de la facción radical del magisterio Conare-Sutep, como su representante en la Comisión de Ética Parlamentaria de la Cámara de Diputados, la bancada decidió retirarlo y reemplazarlo por Jéssica Pérez. El cambio, realizado a regañadientes, evita que se consume un despropósito institucional, pero no borra el hecho de que esa haya sido, en primer lugar, la decisión política del partido.

La decisión adoptada en la víspera era, por decir lo menos, desatinada, pues no hablamos de una persona comprometida con la democracia ni con los principios morales llamados a sostenerla. Por el contrario, al haber sido dirigente del Movadef, organización que suscribía explícitamente el llamado “pensamiento Gonzalo” del cabecilla terrorista Abimael Guzmán, es claro que pertenece más bien a las filas que no creen en ella y buscan destruirla.

Entendemos que la Junta de Portavoces del Parlamento difícilmente podía hacer algo para bloquear la penosa decisión de JP. La controversia se produjo cuando la bancada aún no rendía cuentas sobre el blindaje que viene ensayando a propósito de su integrante Julián Pérez Mallqui, responsable de una reciente agresión física y psicológica a su expareja, pero sus aliados, Obras, Ahora Nación y el Partido del Buen Gobierno, no han manifestado ni siquiera una objeción al respecto.

Existía, sin embargo, un peligro aún mayor. A saber, que el partido de Roberto Sánchez buscara convertirlo en el presidente de ese grupo de trabajo congresal. Si colocarlo en la mentada comisión era ya un desafío a la democracia y a la propia ética (hay que recordar que el JNE le impuso en su momento una multa de 22 mil soles por omitir en su declaración para postular que tenía una sentencia del 2016 por violencia psicológica contra su hermana), convertirlo en titular de la misma, en efecto, habría sido una declaración de guerra contra ellas.

Es oportuno, por eso, recordar aquí lo que el líder y excandidato presidencial del Partido del Buen Gobierno sentenció durante la campaña de la segunda vuelta, cuando alguien trató de forzarlo a que ofreciera su respaldo al candidato de JP. “No me gustaría estar en una coalición en donde hay miembros fundadores del Movadef que, como sabemos, es el epígono de Sendero Luminoso. No me gusta, no olvido”, señaló en ese entonces. Y es de esperar que ahora la memoria no le falle.

Esta representación nacional se ha estrenado ante la ciudadanía con el vergonzoso episodio del diputado Pérez Mallqui y no es sensato permitirle que continúe por ese ignominioso camino.

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