Cara y Sello: ¿El modelo o el estilo Bukele podría aplicarse en el Perú? Enrique Castillo | Jeffrey Radzinsky | OPINION

Una cosa es el estilo Bukele, y otra, el modelo Bukele.

La población peruana, desesperada por el incontenible avance de la criminalidad, busca un presidente como Bukele porque se ha convertido en un referente gracias a la imagen que proyecta: un hombre decidido que tuvo como objetivo central la lucha contra las organizaciones criminales; que tomó decisiones de emergencia, usando todos los recursos humanos, económicos y logísticos a su alcance; que ejecutó una estrategia que ha dado rápidos resultados; que encarceló a todos los delincuentes sin posibilidad de un retorno a las calles; que le devolvió a su pueblo seguridad y tranquilidad; y que ahora señala tener el país más seguro del mundo.

Ese estilo, de mano dura y acciones concretas, de tolerancia cero a la criminalidad, es lo que busca el elector peruano. Liderazgo y acción.

Otra cosa es la importación del modelo Bukele tal cual, cuyos detalles, desarrollo, consecuencias y hasta excesos no son tan conocidos en nuestro país.

Existen grandes diferencias entre El Salvador y el Perú, no solo de tamaño, geografía, población, contexto político y social, complejidad institucional o de manejo del gobierno; sino también de estructura y organización del crimen, que en nuestro país es dispersa, con la participación de grupos pequeños y grandes, y con la intervención de redes transnacionales delictivas, que operan en diversas actividades delictivas y que, en muchos casos, tienen apoyo político o de grupos corruptos en las fuerzas del orden o el sistema judicial.

En el Perú es muy difícil que se puedan ejecutar detenciones masivas, una militarización total y estados de excepción permanentes y realmente eficaces.

El elector busca a alguien con el estilo Bukele, por lo que los candidatos presidenciales que quieran imitarlo deberían desarrollar un plan que se inspire en el modelo Bukele, con la misma mano dura, pero adaptado al Perú y sin excesos.

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