Cara y Sello | ¿Cómo debería ser o en qué tendría que centrarse la auditoría a las elecciones? Erick Iriarte | Silvia Guevara

El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) ha anunciado una auditoría informática a la primera vuelta electoral, aunque todavía sin precisar sus alcances. ¿Qué debería contemplar? Sin duda, todos los sistemas y softwares utilizados durante las Elecciones Generales 2026: desde la Solución Tecnológica de Apoyo al Escrutinio (STAE), empleada en Lima Metropolitana, hasta los sistemas de cómputo electoral encargados de digitalizar, procesar y transmitir la información contenida en las actas.

El objetivo principal de esta auditoría debe ser transparentar el funcionamiento de las herramientas tecnológicas utilizadas en el proceso electoral, identificar posibles vulnerabilidades y despejar cualquier duda sobre la integridad de los resultados. En los últimos años han circulado diversas teorías sobre supuestos sistemas paralelos que “inventan votos”, posibles vulneraciones a las bases de datos de la ONPE o manipulación de actas electorales. Aunque ninguna de estas acusaciones ha sido comprobada, corresponde a las instituciones electorales responder con mecanismos técnicos sólidos, independientes y verificables que fortalezcan la confianza ciudadana.

Por ello, resulta fundamental que la auditoría sea realizada por entidades completamente imparciales, con experiencia comprobada y prestigio internacional en materia de seguridad digital y procesos electorales. En ese sentido, la propuesta de que esta revisión tenga carácter internacional resulta pertinente y necesaria, pues contribuiría a otorgar mayor credibilidad y legitimidad al proceso en un contexto marcado por la polarización política y el constante cuestionamiento a los organismos electorales. Además, esta auditoría no debería interferir ni retrasar la contabilización de las actas pendientes ni el desarrollo de las siguientes etapas del cronograma electoral.

Asimismo, sería importante que la sociedad civil organizada y las organizaciones políticas puedan acompañar el desarrollo de la auditoría mediante especialistas o expertos técnicos designados por ellas. La participación de distintos actores fortalecería la legitimidad de las conclusiones y ayudaría a reducir la desinformación y las sospechas alrededor del sistema electoral.

En democracia, la transparencia no solo debe existir: también debe poder demostrarse de manera clara e independiente ante toda la ciudadanía.

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