La controversia surgida en Acción Popular (AP) con ocasión de sus elecciones primarias está minando el prestigio de ese partido como organización irreductiblemente democrática. La imagen de la agrupación histórica que fundó Fernando Belaunde había sido severamente golpeada en el último quinquenio por la vergonzosa performance de los congresistas conocidos como ‘Los Niños’. Por ello, este proceso interno era una nueva oportunidad para recuperar el prestigio de años anteriores. Tener elecciones limpias y respetar su resultado ha sido un principio siempre vigente en los predios del Paseo Colón. De pronto, sin embargo, se ha producido un episodio que pone precisamente ese principio en cuestión.
Dos sectores del partido que competían por lograr que su plancha presidencial fuese la que se impusiera en la competencia interna han desatado, en efecto, un cruce de acusaciones que atañen a la pulcritud del proceso electoral interno. De un lado, los parciales de Julio Chávez –el presidente de AP que pidió licencia del cargo para poder participar en la contienda– les atribuyen a los seguidores de Alfredo Barnechea –y particularmente a la presidenta del Comité Nacional Electoral de la organización, Cinthia Pajuelo– haber perpetrado una serie de suplantaciones en la nómina de delegados que debían definir la fórmula presidencial ganadora. Y del otro, los que respaldan la candidatura de Barnechea señalan al bando contrario como autor de un “anforazo” que condicionó los resultados de la elección de los mentados delegados.
A estas alturas es difícil distinguir quién –si es que alguien– tiene la razón en este entuerto. Lo cierto, no obstante, es que los dos sectores no pueden haber ganado. Según los resultados de la elección de este domingo, Alfredo Barnechea es el aspirante de Acción Popular a ceñirse la banda presidencial, pero Chávez y los suyos han impugnado ese resultado ante el JNE y la situación es de pronóstico reservado. De hecho, uno de los escenarios finales posibles es que la organización fundada por el arquitecto Belaunde se quede sin plancha presidencial para competir en abril, lo que eventualmente podría llevarla hasta a perder su inscripción ante el ROP. En suma, hablamos de una crisis que afecta el mayor activo que AP ha ostentado desde su origen y que a los herederos de tan venerable tradición parece tenerlos sin cuidado. Un absurdo que reclama pronta solución para bien de todo el sistema democrático.












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