Con la proclamación de los resultados electorales, se ha dado inicio, de manera formal, al proceso de transferencia. Por ahora, algunos gestos podrían anticipar que, como era de suponer, el país se estaría encaminando para retomar el cariz que tuvo antes del convulsionado decenio iniciado en julio del 2016.
Quizás, entre estos gestos, el más notorio, aunque menos sorpresivo, es la ratificación de la continuidad de Julio Velarde al frente del Banco Central de Reserva (BCR). Cuando, en el 2031, Velarde concluya el mandato que iniciará en breve, habrá completado cinco lustros al frente del ente responsable de la política monetaria. En ese plazo, el BCR ha consolidado su institucionalidad y su posición como uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica del país.
Además, han circulado las listas de quienes conformarán las comisiones de transferencia por parte de la gestión entrante. En su amplia mayoría se trata de profesionales con experiencia en gestión gubernamental. Incluso, en ciertos sectores, puede darse asidero a los rumores que indagan por la relación, presente o pasada, de los probables ministros con los integrantes de las respectivas comisiones.
También se ha anunciado un futuro pedido de delegación de facultades. La presidenta electa Keiko Fujimori lo dijo así en una entrevista para el diario ecuatoriano “El Universo”, señalando su preocupación por “recuperar el orden” en temas de seguridad ciudadana (América TV, 7/7/2026). En ese sentido, el plan de gobierno de Fuerza Popular debería servir como indicador del tipo de dispositivos legales que podrían darse. Lo más importante, sin embargo, será que no queden como un recurso vacío, tal como ha venido ocurriendo en coyunturas similares de años recientes.
En la oposición se anuncia la conformación de un bloque compuesto por las fuerzas que apoyaron a Roberto Sánchez en la segunda vuelta. Está por ver si Juntos por el Perú y Obras serán capaces de mantenerse cohesionados, considerando la heterogeneidad que exhiben. Fuerza Popular, por su parte, no ha seguido esa línea, ni siquiera con Renovación Popular, bancada afín en materia programática.
Así las cosas, el desafiante camino a Palacio de Gobierno se va confirmando como un tránsito complejo, que requerirá una mano firme, pero prudente. La experiencia de tres campañas previas a su victoria debería haber forjado en la futura presidenta la madurez necesaria para el encargo.
Pero alcanzar el objetivo final también podría nublar el juicio de Fujimori y hacerle pensar –con la ligereza del saliente José María Balcázar– que “no es difícil gobernar un país”. Evidentemente, no es así: gobernar es sumamente difícil y, como reseña Tony Blair en su “On leadership”, hay que saber establecer prioridades: “Si se trata de hacer todo, muy probablemente se termine sin hacer nada” (Penguin-RH 2024). La versión criolla es más directa, menos edulcorada: “El que mucho abarca poco aprieta”.
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