“No hay fortaleza económica que resista una eterna crisis política”: el Perú en los ojos de América Latina

El Comercio conversó con editores de noticias internacionales de México, Argentina y Colombia sobre la imagen que tiene el Perú y, aunque los periodistas destacan el caos institucional también coinciden en que la fortaleza de la economía es un punto destacable en el país. Estas son sus opiniones.

Guadalupe Galván

Editora de Mundo de “El Universal” / México

El Perú es, al mismo tiempo, un caso de estudio y un “milagro”. Es el país donde la pregunta, cada que asume un presidente, es: ¿cuánto durará y con qué sorpresa saldrá?

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La imagen del Perú, desde México, es la de una nación políticamente débil, donde el control no lo ejercen los presidentes fugaces, sino un Parlamento todopoderoso, prácticamente autocrático.

Ocho presidentes en 10 años, destituidos, en su mayoría, por temas de corrupción, dejan claro que este problema azota con fuerza al país hermano, donde la inestabilidad se acompaña de estancamiento.

La elección de José María Balcázar no mejora el panorama cuando lo primero que se sabe de él es su postura sobre el matrimonio infantil y un historial que incluye posible tráfico de influencias y corrupción.

Al mismo tiempo, asombra la resiliencia de la economía peruana, que destacó por su crecimiento de 3,5% en el 2025.

Sin embargo, la pregunta es: ¿hasta cuándo resistirá la economía? Porque la eterna crisis política peruana no solo complica la toma de decisiones, sino que vuelve al país poco confiable para invertir, para hacer negocios. No hay fortaleza económica que resista una eterna crisis política.

Desde México también se ve con pesar cómo se extiende en el Perú el problema del crimen organizado, un flagelo compartido. La falta de un gobierno estable, con un enemigo tan complicado de vencer, agrava la situación.

La llegada de Balcázar, eso sí, puede ser un giro en la relación con México, rota con Dina Boluarte y José Jerí. Pero cualquier cambio será breve, con las elecciones a menos de dos meses, en un escenario fragmentado con más de 30 candidatos. Y en cualquier momento, puede escucharse de nuevo la frase de pesadilla: moción de vacancia.

Juan Landaburu

Editor de Mundo de “La Nación” / Argentina

Desde Argentina, la elección de un nuevo presidente en el Perú se observa con una mezcla de familiaridad y asombro. Familiaridad porque en Buenos Aires sabemos bien lo que significa atravesar crisis en cadena: en el 2001, en pleno colapso institucional, el país llegó a tener cinco presidentes en una semana. Asombro porque la historia pasa y la sucesión vertiginosa de mandatarios parece confirmar un fracaso persistente del sistema político y de sus dirigentes, incapaces de construir reglas estables y mayorías duraderas. En una región que de a poco parece alcanzar cierta madurez democrática tras décadas de interrupciones y crisis, el Perú aparece como un alumno rezagado.

La contracara del fenómeno tampoco pasa inadvertida en Argentina. Aun en medio de esa inestabilidad, el Perú logró, en cierta medida, aislar su economía de los vaivenes de la política. Los mercados no reaccionan de manera proporcional a cada crisis, ni hay espirales inflacionarias detonadas por cada cambio de Gabinete. El crecimiento se desaceleró, la inversión dudó, pero el andamiaje macroeconómico resiste.

APP exhortó al presidente José María Balcázar a mantener en sus cargos a los ministros de Economía, Producción, Comercio Exterior y Relaciones Exteriores para preservar la estabilidad macroeconómica. Foto: Andina.

APP exhortó al presidente José María Balcázar a mantener en sus cargos a los ministros de Economía, Producción, Comercio Exterior y Relaciones Exteriores para preservar la estabilidad macroeconómica. Foto: Andina.

En Argentina, cualquier ruido político –un escándalo en el gobierno, una derrota legislativa, una encuesta– puede traducirse de inmediato en presión cambiaria, subida del riesgo país y caída de bonos y acciones. La economía vive en estado de alerta permanente frente a la política. La crisis peruana funciona como un espejo incómodo. Muestra los costos de un sistema político descompuesto, pero también que es posible construir amortiguadores que impidan que cada sobresalto se transforme en un terremoto económico, que en definitiva lo termina sufriendo la gente.

Stephany Echavarría

Editora de Internacional de “El Tiempo” / Colombia

Lo que se percibe en el Perú es una total fragilidad del sistema democrático y de su equilibrio de pesos y contrapesos. Por ese lado, vemos esa crisis desde la advertencia democrática al considerar que este año van a sumar nueve presidentes en 10 años si es que dejan terminar su mandato al que elijan en las urnas. Esto es una emergencia clara y urgente.

Por otro lado, vemos una solidez macroeconómica y cómo el Perú es ejemplo de una paradoja: económicamente, desde la perspectiva de crecimiento país, ha logrado evitar que esta debacle política se traduzca en una emergencia económica, algo que tiene sus asteriscos porque el crecimiento no ha significado un crecimiento social y una cohesión de desarrollo. Se percibe una ausencia de liderazgo y de un programa de gobierno, el país se sostiene por las lógicas del mercado antes que por un Ejecutivo consolidado.

Estas elecciones serán las menos esperadas porque no hay nada nuevo en la oferta política, y tampoco en la demanda. Foto: Andina.

Estas elecciones serán las menos esperadas porque no hay nada nuevo en la oferta política, y tampoco en la demanda. Foto: Andina.

Antes nos sorprendía lo que pasaba en el Perú, pero ahora estos cambios se vuelven rutinarios y eso puede ser una alerta regional. Es claro que en una región tan fragmentada como lo es en este momento América Latina, en el sentido de una pérdida de espacios en el que los líderes se puedan encontrar en coherencia, el Perú viene a ser un desafío porque es muy difícil poder buscar espacios de acercamiento cuando un país no cuenta con una trazabilidad a futuro.

El Perú es un ejemplo de una gobernanza muy limitada en el tiempo y creo que América Latina se pregunta qué credibilidad puede haber a nivel gubernamental. Y, pese a ello, el país demuestra que las otras instancias, siendo los pilares la economía y el Banco Central de Reserva, han podido permitir que el desarrollo de las industrias y el crecimiento se puedan seguir dando.

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