Atención a una fecha clave: 3 al 6 de febrero. Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos, Washington DC. El anfitrión es nada menos que el factótum de la política exterior americana hoy: Marco Rubio. En cónclave reunirá a los países aliados estratégicos de Estados Unidos. Por Perú, asistirá el hombre orquesta de la diplomacia peruana Hugo de Zela Martínez. Argentina, Chile, Perú, las repúblicas del cobre estarán presentes. ¿De qué hablarán? ¿Cuál será la agenda?
Aquí va una primera aproximación: la imperiosa necesidad de Estados Unidos de garantizar las líneas de suministro de minerales críticos, cobre sobre todo. Mucho cobre para su industria. Estados Unidos tiene, de acuerdo a sus informes federales, alrededor de 42 millones de toneladas de reservas de cobre pero —aquí viene el detalle— se demoraría casi 19 años en desarrollar esos proyectos. Trump no tiene mucho tiempo.
Estados Unidos entonces vuelve a girar la cabeza al “extremo occidente” tal como llamó a esta región el francés Alain Rouquié en un libro en 1987. Decía Rouquié que hay un “extremo oriente” y un “extremo occidente”, periferias del occidente central, lugares que son circundantes a la modernidad occidental. La tesis de Rouquié da como para una columna pero por ahora lo dejamos allí.
Decíamos que Estados Unidos ha vuelto a mirar al Perú con ojos estratégicos, país con la denominada “paradoja ecuatorial” pero con tres veces más reservas de cobre que la nación norteamericana gobernada por Trump, gracias —sobre todo— al sistema de fallas geológicas llamado Incapuquio que se extiende casi 450 kilómetros desde Arequipa al norte chileno. Bernardo Navarro, el nuevo embajador en el Perú, cubano americano y casado con peruana, en nombre de la administración Trump ya está al tanto de lo que sucede en Lima y es altamente probable que Marco Rubio también lo sepa. El “chifagate” sigue latente y los americanos se sienten incómodos. Mucha agua corre aún debajo del puente.
“Comeremos chifa” ha dicho Navarro. Mensaje directo a la casa de Pizarro, a Jerí para ser más preciso, pero también a toda la actual clase política nacional. Navarro no es un embajador de carrera sino un hombre político, un operador de los halcones estadounidenses preocupados, una vez más, por las líneas de suministro de los metales críticos sobre todo por el cobre. Ponga usted los siguientes sucesos: la designación de Navarro, el “chifagate”, la entrega de un proyecto de modernización de la base naval peruana a Estados Unidos, la adjudicación de un proyecto de tren desde el estratégico corredor minero hacia el puerto de Chancay (propiedad de los chinos), la posible compra de aviones F-16 serie Block70 a Estados Unidos, y ahora la cumbre de minerales críticos cuyo anfitrión es Rubio, secretario de Estado que llegaría a fines de marzo. Si Michael Curtiz viviera probablemente dirigiría una película en Lima como secuela de Casablanca, la ciudad marroquí centro del espionaje durante la segunda guerra mundial, lugar de los amores entre Rick Blaine e Ilsa Lund. Lima hoy es el centro del espionaje en Sudamérica.
7 de abril de 2025. La Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos dirigida por un experto en negociaciones, Jamieson Greer, publica en la red social X un mensaje dirigido a Perú, Ecuador, Brasil y Colombia: “la tala y la minería ilegal (…) alimentan la degradación ambiental y crean una competencia desleal en perjuicio de las empresas estadounidenses”. Un dato: el Acuerdo de Promoción Comercial Perú-Estados Unidos (TLC) tiene compromisos ambientales rigurosos que deben ser cumplidos estrictamente por ambos países. En agosto del 2025, investigadores estadounidenses publicaron un informe llamado “Abordar la minería ilegal de oro en el Hemisferio occidental: Nuevos enfoques para la política estadounidense”, en el que aseguran que “la minería ilegal se ha convertido en una crisis demasiado grave como para que Estados Unidos la ignore”. Crisis, seguridad, riesgo, geopolítica, palabras que son música para los republicanos. A estas alturas Navarro y los halcones en la administración Trump saben que en el Perú hay una estrecha relación entre minería ilegal (de cobre, oro y otros minerales) con el poder político y los nuevos ricos dueños de plantas de procesamiento que “lavan” la producción ilegal de minerales con ese carnet informal llamado Reinfo. Hay nuevos “lunarejos” de la minería ilegal que se hacen pasar por emprendedores.










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