La noticia ya no es una expectativa, sino una certeza con fecha y ruta trazada. La Santa Sede ha confirmado que el papa León XIV visitará el Perú del 11 al 17 de noviembre, con un itinerario que lo llevará por Lima, Chiclayo, Cusco y Pucallpa, en el tramo final de una gira latinoamericana que también incluirá Uruguay y Argentina. No es la agenda de un jefe de Estado cualquiera. Es el regreso de un hombre que, antes de ceñirse la mitra de Pedro, fue obispo de Chiclayo, adoptó la nacionalidad peruana e hizo del país parte esencial de su historia. Por eso, cuando en Gamarra ya se confeccionan miles de polos con su imagen y en Cusco se organiza la logística para recibir a cerca de 100.000 fieles en Sacsayhuamán, lo que se palpa no es curiosidad turística: es emoción colectiva genuina.
Para el pueblo católico peruano, esta visita tiene un peso que trasciende lo protocolar. El Perú, donde más del 75% de la población se declara católica, recibirá a un pontífice que conoce sus calles, su gente y sus heridas desde adentro. La misa multitudinaria en la Base Aérea de Las Palmas, el encuentro con jóvenes por el aniversario de la canonización de santo Toribio de Mogrovejo y las jornadas en Chiclayo –ciudad donde ejerció su ministerio durante casi una década– configuran un recorrido que es, ante todo, un reencuentro espiritual. En un país atravesado por la desconfianza institucional y el desgaste del debate público, la llegada de León XIV ofrece algo escaso: un motivo de unidad que no depende de banderías ni de cálculos electorales. Como señalamos semanas atrás, se trata de una oportunidad histórica para que los peruanos, más allá de sus diferencias, se reconozcan en algo compartido.
No debe pasar inadvertido el impacto económico que esta visita puede generar. Apotur estima un movimiento de entre US$20 y US$40 millones, mientras que Canatur proyecta un dinamismo turístico 50% mayor al registrado con el papa Francisco en el 2018. Chiclayo espera recibir hasta 1,5 millones de visitantes y una derrama cercana a los S/750 millones; Cusco, un incremento de hasta 50% en su turismo de noviembre. Chiclayo, además, proyectará su gastronomía y su patrimonio arqueológico mediante la ya anunciada ruta del Papa.
Todas estas son cifras auspiciosas para sectores golpeados por años difíciles, pero conviene no perder la perspectiva: el valor de los días de noviembre en los que nos visitará el Sumo Pontífice no se medirá en dólares, sino en la capacidad del país de recibir con grandeza a quien, siendo del mundo, decidió también ser nuestro compatriota.
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