Según informó la agencia EFE, Kuwait denunció ataques consecutivos contra centrales eléctricas y plantas desalinizadoras, infraestructura esencial para un país que depende casi por completo de este sistema para abastecer de agua potable a su población. Las autoridades kuwaitíes informaron además que los ataques provocaron incendios y daños en varias instalaciones estratégicas, obligando a desplegar equipos de emergencia para contener la situación.
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Paralelamente, de acuerdo con la agencia AFP, la Guardia Revolucionaria de Irán reivindicó ataques contra sistemas de defensa antimisiles, radares y sistemas de recepción satelital en Kuwait, además de acciones dirigidas contra la base estadounidense de Arifjan, donde Washington mantiene desplegados sistemas de misiles HIMARS.
La ofensiva ha despertado interrogantes sobre las razones por las que Kuwait aparece ahora como uno de los blancos más recurrentes de Irán y qué implicancias podría tener esta situación para la estabilidad del Golfo Pérsico.

El sistema de misiles Himars. (AFP).
Para el analista internacional Roberto Heimovits, la respuesta debe entenderse tanto desde una perspectiva regional como desde la situación particular de Kuwait.
“La estrategia de Irán en esta guerra es elevar el costo a la mayor cantidad posible de países para que estos presionen a Estados Unidos a negociar una paz favorable para Teherán”, explicó.
Según el especialista, el objetivo iraní no se limita a golpear directamente a Washington, sino a generar presión sobre sus socios regionales mediante ataques que incrementen la percepción de inseguridad.
En ese contexto, Kuwait aparece como un objetivo natural debido a la presencia de instalaciones militares estadounidenses en su territorio. Desde la Guerra del Golfo de 1991, el país alberga diversas bases, centros logísticos, depósitos de municiones y sistemas de vigilancia que forman parte del despliegue militar norteamericano en Medio Oriente.

Mojtaba Jamenei es el líder supremo del régimen de Irán desde que su padre, el ayatolá Alí Jamenei, muriera a finales de febrero en un ataque de EE.UU. e Israel.
Heimovits señala que, desde la perspectiva iraní, estas instalaciones convierten al emirato en un objetivo legítimo dentro de la confrontación con Estados Unidos. “Una de las razones por las que Irán ataca Kuwait es porque alberga bases militares estadounidenses. Otra es que le resulta más fácil hacerlo debido a su cercanía geográfica”, indicó.
Francisco Belaúnde, analista internacional, coincide en que Kuwait forma parte del conjunto de países que Irán identifica como aliados estratégicos de Washington. “En general, los objetivos de Irán son todos los países de la región aliados de Estados Unidos. Kuwait forma parte de ese grupo y posiblemente sea un blanco más accesible que otros países del Golfo”, sostuvo.
Sin embargo, los ataques no se han limitado a objetivos militares. Las denuncias sobre daños a centrales eléctricas y plantas desalinizadoras sugieren una estrategia orientada también a afectar infraestructura crítica.
Para Belaúnde, este tipo de acciones refleja una escalada preocupante. “Si efectivamente se están afectando plantas desalinizadoras o infraestructura esencial, se trata de una situación particularmente grave porque impacta directamente en la población”, señaló.

Un planta desalinizadora atacada por las fuerzas iraníes. (Foto: AP)
Kuwait depende de la desalinización para garantizar el abastecimiento de agua potable. Por ello, cualquier ataque contra estas instalaciones trasciende el ámbito militar y puede generar consecuencias económicas, sociales y humanitarias.
Heimovits considera que este tipo de acciones buscan enviar un mensaje político a los países del Golfo. “Lo principal que está tratando de lograr Irán es que países como Kuwait teman sufrir más daños y presionen a Washington para detener la guerra”, afirmó.
Según el analista, Teherán intenta convencer a los gobiernos árabes de que el costo de mantener la alianza con Estados Unidos podría aumentar significativamente si el conflicto continúa escalando.
La situación también ha puesto nuevamente bajo los reflectores al Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), organización integrada por Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Omán y Kuwait.
Aunque suele ser percibido como un bloque de seguridad regional, Belaúnde aclara que su funcionamiento es distinto al de alianzas militares como la OTAN. “El Consejo no es propiamente una alianza militar. Es una institución de coordinación política y cooperación entre sus miembros”, explicó.
De acuerdo con el especialista, incluso existen diferencias importantes entre algunos de sus integrantes, particularmente entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, lo que dificulta una respuesta conjunta frente a amenazas externas.

Kuwait denunció este martes que Irán atacó por cuarto día consecutivo varias centrales eléctricas y plantas desalinizadoras. Foto: X/ @dw_espanol
Esta realidad explica por qué los ataques iraníes no han derivado hasta ahora en una acción colectiva de los países del Golfo. “Cada país se está defendiendo por separado”, precisó Belaúnde. Sin embargo, el hecho de que varios miembros del CCG alberguen bases estadounidenses los coloca en una posición delicada dentro de la confrontación entre Washington y Teherán.
Para Irán, estos países forman parte de la infraestructura estratégica que sostiene la presencia militar norteamericana en la región. En cambio, para los gobiernos del Golfo el desafío consiste en proteger su seguridad sin quedar atrapados en una guerra que amenaza su estabilidad económica y política.
Uno de los principales temores es que la guerra deje de ser un enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán y termine involucrando de manera más directa a otros países de la región.
Heimovits considera que ese escenario es posible si continúan los ataques. “Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos o Catar tienen aviones de combate modernos y podrían concluir que les conviene intervenir directamente si siguen siendo atacados”, advirtió.
Según su análisis, las monarquías del Golfo enfrentan una disyuntiva compleja: aceptar una desescalada inmediata para evitar más daños o respaldar una estrategia más firme contra Irán con el objetivo de impedir que fortalezca su influencia regional.
“Kuwait tiene dos caminos. Puede pedir que la guerra termine cuanto antes o insistir en una postura más dura frente a Irán. El problema es que una paz prematura podría permitir que Teherán mantenga capacidades militares que representen una amenaza mayor en el futuro”, sostuvo.
Belaúnde, por su parte, considera que el conflicto también debe entenderse dentro de una disputa más amplia relacionada con el control del estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes para el comercio mundial de petróleo.
“Irán ha convertido el tema del estrecho de Ormuz en una cuestión estratégica y casi existencial. Ese es uno de los principales focos de tensión porque afecta directamente al comercio energético mundial”, explicó.

Un video publicado por el sitio web Sepah News de la Guardia Revolucionaria de Irán el 14 de julio de 2026, muestra el lanzamiento de misiles hacia objetivos estadounidenses en Bahréin y Kuwait. (Foto de SEPAHNEWS.COM / AFP).
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La guerra entre Irán y Estados Unidos ya está generando efectos más allá de Medio Oriente. El riesgo de interrupciones en el tránsito marítimo del Golfo y los ataques contra infraestructura energética alimentan la preocupación de los mercados internacionales y de los principales importadores de petróleo de Asia.
En opinión de Heimovits, Teherán está desarrollando una estrategia dual: incrementar la presión militar y económica sobre sus adversarios mientras mantiene abiertas vías de negociación indirecta con Washington.
“Irán está jugando en dos frentes. Por un lado, busca aumentar el costo de la guerra para Estados Unidos y sus aliados; por otro, mantiene conversaciones indirectas con Washington esperando alcanzar un acuerdo favorable”, señaló.
Mientras tanto, Kuwait se ha convertido en uno de los escenarios más visibles de esta nueva fase del conflicto. Lo que comenzó como una confrontación entre Estados Unidos e Irán amenaza ahora con extender sus efectos a todo el Golfo Pérsico, una región clave para la seguridad energética mundial. La gran incógnita es si los ataques continuarán limitándose a objetivos específicos o si terminarán arrastrando a más países a una guerra con consecuencias imprevisibles.












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