
Empresas se preparan para poner en marcha sus planes de contingencia.
Este panorama no solo nos desafía como país en cómo proteger a las poblaciones más vulnerables, sino que pone a prueba a las empresas; estas deben asegurar la continuidad de sus operaciones para abastecer a la población. En el FEN 2017 se registraron pérdidas económicas por US$4.016 millones en los que se ha afectado infraestructura crítica como carreteras por las fuertes lluvias y los desbordes de los ríos, sobre todo en las regiones del norte del país.
Este nuevo FEN, en el que confluirían dos eventos, podría costar entre medio punto y un punto del PBI este año, estimó Diego Macera, director del IPE, en RPP. En tanto, Credicorp Capital estima pérdidas por S/ 16.000 millones entre 2026 y 2027, un mayor impacto que en eventos anteriores. Sin embargo, la compañía estima que el PBI se mantendría por encima de 3% por el dinamismo de la inversión privada. ¿Hoy las empresas están mejor preparadas?
“A nivel general, con lo que he visto de las empresas, creo que sí estamos un poco mejor preparados que en el 2017 o 2023, pero aún hay oportunidad de seguir implementando medidas de mitigación frente a estos riesgos, que cada vez son más recurrentes“, sostiene Orlando Rivera, líder de Soluciones de Consultoría para Marsh Perú.

El FEN 2017 generó muchas pérdidas.
/ ERNESTO BENAVIDES
La experiencia de los eventos de 2017 y 2023 dejó avances importantes en el resguardo de activos: muchas organizaciones reforzaron muros de contención, optimizaron drenajes y actualizaron protocolos de emergencia. No obstante, Marsh identifica una preocupante falta de preparación en el plano financiero. “El daño material a instalaciones y equipos es lo más visible, pero debajo están los riesgos que realmente comprometen la viabilidad del negocio: la interrupción de la cadena de suministro, la imposibilidad de operar, la pérdida de ingresos y el impacto en las personas. La mayoría de las empresas no ha dimensionado el impacto de una paralización prolongada en su liquidez, ni si sus programas de seguros reflejan el valor real expuesto a pérdida”, agrega Rivera.
Para Manuel Carpio- Rivero, experto en Supply Chain y docente de la Pacífico Business School, no todas las empresas están igual de preparadas, ya que por un lado está la gran empresa, con recursos y capacidades para prepararse. Muchas de ellas, dice, ya han activado planes de contingencia, prevención y mitigación. Por el otro lado, están las micro, pequeñas y medianas empresas, que no tienen tantos recursos y, en muchos casos, tampoco una cultura preventiva.
Para Marsh, las empresas deben dejar de considerar a los fenómenos meteorológicos extremos como un riesgo operativo, y más bien, tomarlos en cuenta en la gestión de riesgos estratégicos. Y, en vista de que las proyecciones indican que el mayor impacto del FEN será más intenso hacia el final de año, el ejecutivo asegura que este es tiempo de preparación. Para Carpio- Rivero, aún hay espacio para que las empresas se preparen y tomen medidas, pero deben actuar rápido. “La infraestructura (que hace falta) debió ser trabajada inmediatamente después del 2017″, cuestiona.

Infografía: Raúl Rodríguez.
Henry Zamora, jefe de Gestión de Riesgos de Rimac, detalla que los sectores que históricamente muestran una mayor sensibilidad son minería, por la afectación de los accesos; el agro, por las lluvias; la pesca, por el aumento de temperatura del mar; el transporte y la logística, por las interrupciones en corredores viales críticos; la energía y la infraestructura, por posibles afectaciones a instalaciones y redes; y la manufactura, el retail y el consumo masivo, por el bloqueo de vías, el clima –que modifica la demanda– y las zonas expuestas.
Para Zamora, los riesgos con mayor potencial de afectación para las empresas son la interrupción de las operaciones y la logística, la posibilidad de que existan restricciones en el transporte de personal y mercadería, la afectación de infraestructura y activos, y las alteraciones en las cadenas de suministro.
Rivera, de Marsh, asegura que las organizaciones con una gestión madura de riesgos realizan inversiones que suelen concentrarse en el fortalecimiento de infraestructura crítica, planes de continuidad del negocio, protección de la cadena de suministro, mantenimiento preventivo, sistemas de monitoreo y alerta, y en la revisión de sus programas de seguros.
Desde Rimac comentan que la protección que buscan las empresas frente a un posible FEN va mucho más allá de la infraestructura, ya que su objetivo es asegurar la continuidad de sus operaciones, la disponibilidad de sus proveedores, la logística, la seguridad de sus colaboradores y la capacidad de seguir atendiendo a sus clientes. “El foco actual está en la resiliencia integral del negocio”, sostiene Zamora.

Infraestructura, logística, energía, agroindustria y tecnología concentran hoy el mayor interés de los inversionistas, en un contexto de mayor flujo de capital extranjero y expansión regional de empresas peruanas. Foto: Andina.
Pese a ello, la penetración de seguros en el Perú todavía es baja respecto a otros países, pero esta mayor conciencia ha llevado a que muchas organizaciones incorporen la gestión de riesgos como parte de su planificación y cuenten con seguros que les permitan estar mejor preparadas.
“Las empresas deben estar ya evaluando también cuáles serán los productos que van a priorizar con sus proveedores viendo el manejo de rentabilidad, y estar en todo el proceso de planeamiento. Debe haber un comité de riesgos, que tiene a cargo los planes de contingencia y continuidad del negocio, que mira lo que funcionó en el pasado. Hoy con más información, con IA, se puede tener un análisis más detallado para tomar mejores decisiones”, sostiene Hugo Rodríguez, coordinador del Programa de Alta Especialización en Retail Management de ESAN, quien ha trabajado en varias empresas retail y de consumo masivo.
En esa línea, Carpio- Rivero señala que ya las compañías deberían prever inventarios, identificar centros logísticos cercanos y proyectar un aumento de su capacidad productiva para llegar preparados a los meses más intensos. Además, deben revisarse rutas de contingencia, dice el especialista.

(FOTO: Midagri)
A finales de agosto se verá la ejecución de varias de estas medidas, agrega Rodríguez. En su visión, el problema –más que la protección física de la infraestructura– está en asegurar el suministro de productos.
Desde cbc comentan a Día1 que los principales desafíos estarían asociados a posibles interrupciones en vías de acceso, afectación de puntos de venta, presión sobre la cadena de suministro, disponibilidad de agua, energía y combustible. Los eventos similares del 2017 y otros años, evidenciaron precisamente que el principal impacto no siempre está dentro de una planta, sino en el entorno operativo.
Analí Huamancayo, gerente de Asuntos Corporativos de cbc Perú, precisa que sus planes de continuidad están orientados a proteger a sus trabajadores, mantener la operación crítica y garantizar el abastecimiento. Estos planes consideran la revisión de inventarios, la priorización de productos de alta demanda, la identificación de rutas alternas, la coordinación con distribuidores y el abastecimiento preventivo en zonas vulnerables. “Los planes son dinámicos y se activan de acuerdo a cómo se presentan los efectos del FEN”, afirma.
La posible reducción de puntos de venta es un escenario que se contempla como contingencia, según la intensidad del fenómeno. El estado de la infraestructura vial y la capacidad de los puntos de venta para mantenerse estable.

Algunas empresas hacen modificaciones a su ritmo de producción.
En cuanto a sus planes de contingencia, cbc refiere que trabaja con varios meses de anticipación, desde que las alertas muestran un mayor nivel de probabilidad o riesgo. Huamancayo anota que no hay un porcentaje fijo de facturación destinado al manejo de la emergencia, sino que se aborda como presupuesto de continuidad operativa y gestión de riesgos. Actualmente, cbc llega a 200 mil puntos de venta a nivel nacional, y en el norte está aproximadamente un 40% del total.
“Venimos fortaleciendo nuestros planes de preparación y respuesta para mantener la continuidad en el abastecimiento de nuestros productos y en la atención a clientes y consumidores”, cometan desde Alicorp.
Y es que, según la evolución del fenómeno, la empresa activaría las medidas de manera progresiva. “Reconocemos que existe un riesgo mayor al inicialmente previsto para este año. Los organismos técnicos proyectan que puede intensificarse en los próximos meses. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en 2017, hoy contamos con una mayor capacidad de anticipación y preparación”, comentaron. La compañía del Grupo Romero, anota que están trabajando en fortalecer sus planes de contingencia y las medidas preventivas para mitigar posibles afectaciones operativas y garantizar la continuidad de atención a sus clientes. Si bien el impacto puede variar, señalan que ahora no prevén una reducción significativa y generalizada de los puntos de venta como efecto del FEN.
Desde su lado, Almafin, empresa de logística financiera del Grupo Andino, resalta que vienen desplegando un plan reforzado de inspección a sus almacenes ubicados en zonas consideradas de alta y media exposición a los efectos del FEN, sobre todo en la costa norte y costa centro. “Este plan tiene como objetivo validar las condiciones de infraestructura de los almacenes de campo a fin de adoptar medidas preventivas para reducir la probabilidad de daños materiales o interrupciones en las operaciones de nuestros clientes”, detalla Luis Eléspuro, su gerente general.

Sin una adecuada gestión, el FEN podría generar un impacto en las operaciones en el corto plazo, lo que implicaría desabastecimiento de materia prima en planta o de producto en los puntos de venta y afectación de la infraestructura (planta o almacenes) por problemas que pudieron anticiparse (sistemas de drenaje, filtraciones). Estos planes empezaron a ser implementados desde el inicio de julio y se mantendrán activos hasta que los indicadores del FEN varíen.
Además, como parte del plan de prevención, la empresa verificará que las condiciones de almacenamiento de la mercadería en ‘warrant’ (inventarios en garantía para acceder a financiamientos) permita cumplir las exigencias de las pólizas de seguro vigentes, para gestionar la cobertura frente a cualquier daño. A nivel nacional, la empresa tiene más de 30 almacenes de campo donde custodian mercadería valorizada en US$145 millones; el 5% se encuentra en zonas de alta exposición al FEN y el 18% en zonas de riesgo medio.
Por el lado de las pequeñas y medianas empresas, aseguran que han aprendido de las experiencias previas de los FEN. “Además de mantener la producción, la prioridad es asegurar que los productos lleguen oportunamente a los consumidores”, anota Rodolfo Ojeda, presidente del gremio de la Pequeña Empresa de la CCL.

“Muchas empresas vienen diversificando proveedores, fortaleciendo la coordinación con operadores logísticos, identificando rutas alternativas de transporte e incrementando preventivamente algunos inventarios estratégicos para responder con mayor rapidez a eventuales interrupciones de vías. Sin embargo, las pymes cuentan con recursos financieros limitados y no pueden sostener por largos periodos mayores inventarios o sobrecostos logísticos. Por ello, la mejor estrategia sigue siendo la prevención”, asevera.
Para los entrevistados, es indispensable que el Estado garantice el mantenimiento oportuno de la infraestructura crítica y ejecute las obras de prevención previstas antes de la llegada del fenómeno,
Ojeda menciona que garantizar el abastecimiento demanda una planificación logística mucho más rigurosa y con mayores costos operativos. Es por ello que existe la posibilidad de que algunos productos tengan incrementos temporales. “Para una gran empresa estos sobrecostos son manejables, pero para una pyme significa reducir su margen de utilidad. Estamos hablando de un incremento de entre 5% y 15% en sus costos por medidas preventivas, y cuando las carreteras se interrumpen esos costos logísticos pueden elevarse hasta en 30%”, resalta. La pyme hace el esfuerzo para no trasladar todo ese incremento al consumidor, pero si la situación se prolonga, llega un punto en que resulta inevitable. En ese momento se observan ajustes en alimentos, confecciones, materiales de construcción y comercio.
Actualmente, se vienen preparando para Fiestas Patrias y Navidad, dos de las temporadas comerciales más importantes del año. “Muchas están adelantando compras, fortaleciendo sus inventarios estratégicos, ajustando su producción y reforzando sus canales digitales para asegurar la atención de sus clientes aun cuando existan dificultades de movilidad”, señala Ojeda.
Es así que irán adelantando parte de su producción y asegurando inventarios para reducir el riesgo de desabastecimiento, en particular en la costa norte, una de las zonas de mayor exposición ante el FEN. Hoy, los avances de El Niño ya influyen en las decisiones comerciales, por ejemplo, en el ajuste de producción y ofertas del sector confecciones y textiles.
Carpio- Rivero explica que el costo logístico promedio de una empresa peruana representa alrededor de 16% de sus ventas y para las microempresas, esta cifra puede llegar, en promedio, al 21%. Dentro de este monto, si se afecta el rubro de transporte y distribución –que representa un 30% de todo el costo logístico–,debe ser una prioridad para las compañías centrarse en opciones alternas“, subraya.
De hecho, recuerda que en el 2017 se vieron casos en los que el costo logístico pasó a 60% o 70%, ya que el impacto aumenta si se presenta el corte de una vía principal.
En tanto, Rodríguez de Esan, agrega que los costos logísticos incluyen muchos aspectos y que el flete representa un 8% de los costos operacionales, pero llega a representar un 50% del costo logístico. “En situaciones críticas, ese flete puede subir 1% o 2%“, refiere.
A ello se suma que debido al estado de nuestra infraestructura vial, los costos logísticos promedio en el Perú son más costosos que en países desarrollados, donde representan un 8% o 10%, comenta Carpio- Rivero.

Algunas marcas adelantan despachos de productos.
Desde Marsh señalan que la evidencia internacional es consistente en demostrar que la prevención da retornos económicos superiores: cada dólar invertido en medidas de mitigación puede generar entre US$4 y US$13 en pérdidas evitadas, según un estudio Natural Hazard Mitigation Saves, desarrollado por el National Institute of Building Sciences (NIBS).
En efecto, Carpio – Rivero remarca también que con un plan estructurado con anticipación, los costos logísticos adicionales podrían no superar el 30% ante un FEN más intenso.












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