Vozinha, por Paola Villar | EL COMERCIO PERÚ

Este Mundial nos está obsequiando muchas historias maravillosas. Una tiene como protagonistas a la selección de Cabo Verde y, en particular, a Josimar Dias, mejor conocido como Vozinha, el arquero caboverdiano de 40 años que ya hizo historia en el mundo del fútbol, conmoviendo a millones de personas.

Vozinha se ganó el cariño, pero también el respeto de los hinchas a lo largo de este evento: tuvo un rol clave en los enfrentamientos de Cabo Verde contra España, Uruguay y Arabia Saudita, ayudando a su selección a superar la fase de grupos contra todo pronóstico (a punta de empates dejó afuera a una Uruguay bastante limitada). Asimismo, se convirtió en el arquero más seguido a nivel global: empezó el torneo con cerca de 50.000 seguidores en Instagram y se despidió con casi 28 millones en la misma red social.

Tras haber jugado en clubes semiprofesionales de Cabo Verde y en países como Moldavia y Portugal, Vozinha fue elegido el mejor portero de su país y, por ende, convocado para representar a su selección nacional –no es cierto que postulara vía LinkedIn, como se hizo viral–. Camino al Mundial, uno de sus más grandes sueños era compartir la cancha con Messi y, contra todo pronóstico, logró cumplirlo, convirtiéndose en figura estelar de uno de los mejores partidos del evento. Ahora, tras haber sido recibido como héroe nacional junto con su selección en su país, algunos medios deportivos especulan sobre el interés desde Brasil por ficharlo, pues actualmente no está en las filas de ningún club profesional.

Pero para Vozinha, al igual que para muchos otros deportistas de gran talento, el camino fue cuesta arriba: proviene de un hogar humilde en un país pequeño, donde las opciones para triunfar en el mundo del fútbol ya eran escasas. Incluso, tal como contó en una entrevista reciente, se vio obligado a perfeccionar su técnica de manera autodidacta, a través de videos en YouTube, ante la ausencia de entrenadores de porteros con adecuada formación en su país natal. “Si hubiera iniciado [mi carrera] en un club profesional, hay muchos defectos que hubiese corregido”, reflexionó al respecto.

La historia de Vozinha, aunque con distintos matices, nos reafirma un concepto fundamental que muchas veces se minimiza: más allá del talento y del esfuerzo, no todos tienen acceso a las mismas oportunidades ni a las herramientas necesarias para desarrollarse y superar, con eficacia, los obstáculos en el camino. Esto es algo sobre lo que necesariamente debemos reflexionar en nuestro país. ¿Cuántos Vozinha podría haber en tantas zonas del Perú donde hoy reina la pobreza y la vulnerabilidad? ¿Cuántos talentos quedarán sin descubrir ante la persistencia de brechas y debido a la ausencia de servicios absolutamente básicos, como electricidad, agua o saneamiento?

En un pódcast del IPE, la economista Carolina Trivelli compartió, con mucha claridad, un par de conceptos sobre la desigualdad en el Perú: el suelo no es parejo para todos, y las rutas de dos personas que se esforzaron más o menos igual pueden ser divergentes. Mientras el Estado no asuma su responsabilidad de brindar los elementos básicos que permitan emparejar esa cancha de inicio, la posibilidad de que miles de peruanos puedan triunfar y cumplir sus sueños seguirá dependiendo de milagros o de eventos inusuales, y no del derecho básico de tener las mismas oportunidades para salir adelante.

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