Lima necesita que el próximo gobierno retome, sin excusas, la construcción de todas las líneas del metro que faltan.

La tuneladora Delia llegó este jueves a la estación Insurgentes, en el Callao, y con ella se cerró uno de los capítulos más exigentes de la línea 2 del metro de Lima: la excavación completa de sus 27 kilómetros de túnel. Es una noticia que merece celebrarse. Después de años de retrasos, promesas incumplidas y cambios de cronograma, la obra que unirá Ate con el Callao en 45 minutos –hoy un trayecto de más de dos horas– alcanza ya un avance físico superior al 83%. Que el túnel esté listo no significa que el proyecto haya terminado: restan las instalaciones ferroviarias, la señalización y las pruebas operativas antes de que millones de limeños puedan usarlo. Pero el hito es real y hay que reconocerlo.

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